También cabe mencionar, por cercanía geográfica, que el euro celebra su décimo cumpleaños, aunque afirman las malas lenguas que sólo ha invitado a quienes lo consideran un éxito redondo, y no así a quienes dicen entender sólo de redondeo.
Con todo, y aún participando de forma residual en las apuntadas tertulias, Vitoria reserva sus energías para el que se ha convertido en el único, y a veces tristemente intransferible, debate del año: la nueva plaza de la Virgen Blanca.
Superadas las primeras disquisiciones sobre plano y los posteriores juicios estético-lumínicos, nos hallamos atorados en el segundo punto del orden del día, que hace referencia a las escaleras y/o terrazas sobre las que más de un despistado ha terminado haciendo el 'crusaíto'.
Todo sea por cubrir la pertinente necesidad de pan y circo de todo ciudadano que se precie, si bien es cierto que la crisis empieza a complicar el acceso al primero de tales elementos; así lo confirma el ganador de un concurso que en Palencia buscaba al dueño del contrato más precario, a la sazón, de una hora y media a repartir en una semana.
En cuanto al circo, sobra decir que la fuente es ilimitada y que incluso crece de forma proporcional a la crisis.
¿Perrea, perrea!









