PERSONAL
Isabel comenzó su aventura internacional de la mano de un curso Erasmus. En su caso, en Manchester. Durante ese año se dio cuenta de que la especialización en su área era la llave para prosperar en el negocio. Así que de Manchester saltó a Edimburgo. «Pensé en varias universidades, pero esta ciudad me gustó mucho. Además, los escoceses son más simpáticos y cordiales que los ingleses», revela.
La distancia pesa
Esta getxotarra está contenta con su vida -«disfruto a tope»-. «Si me hubiera quedado en el País Vasco nunca habría conseguido las metas que me planteé hace años. Además, es más fácil y barato ser autónomo en Edimburgo porque te dan muchas ayudas y formación», admite.
Sin embargo, ni a las mejores historias les falta un 'pero'. El suyo es tener que lidiar con la distancia que le separa de su tierra y de su gente, que en muchas ocasiones, es una losa demasiado pesada para llevar en la espalda. Tanto es así, que necesita el contacto con los suyos. Constantemente. «Tengo la necesidad de volver al País Vasco cada tres meses. Además, como lingüista me viene muy bien no perder contacto con el castellano», argumenta.
Pero con todo, Isabel está adaptada, integrada por completo, a la nueva vida que ha construido en Escocia. Quienes lo llevan peor son sus familiares y especialmente sus padres. No es de extrañar. «Al principio me apoyaron porque pensaron que iba a ser algo temporal, pero hace dos años me compré un piso y se dieron cuenta de que me iba a quedar unos cuantos años más. La verdad es que lo llevan bastante mal», insiste.
Pero su intención es regresar. Aún no tiene definida la fecha, ya que todo depende de su situación laboral. «Volveré cuando en Bilbao vea que hay posibilidades en mi área de trabajo», aclara. Por eso, por el momento, habrá que esperar.









