
EL MUSICAL
Sobre el escenario... ¿el atrezzo de 'High School Musical'! Y las seis ahí, tan cerca, a punto de conocer a sus ídolos, de cumplir su sueño. Maite, Patricia, Ghislaine, Enara, Ane y Eike no se lo creen. Pero es real. EL CORREO -gracias al sorteo realizado entre los lectores por la sección de enlaCe- les ha dado la oportunidad de poder participar como extras en el musical con más tirón del momento. Y la experiencia bien vale un suspiro.
Y más de una pregunta. «¿El chico guapo va a ser también guapo?», suelta Ane antes de subir al escenario cámara en mano. «Es que Troy...», le apoyan las demás. «Yo lo vi en Bilbao y es muy guapo», les tranquiliza Eike. «Es rubio, con rizos». Una vez sobre las tablas, la tensión acumulada se disuelve, al fin, como un azucarillo en un vaso de agua. La luz que proyectan los focos sobre el escenario apenas deja ver al público -«así no nos dará tanta vergüenza»- y las pequeñas respiran tranquilas. Hasta que Troy -el «chico guapo»- y Gabriela, la pareja protagonista, entran en escena.
Sesión de fotos
Claudio los ha sacado de sus camerinos. Llegan a medio maquillar y a medio vestir. No importa. «Qué guapa eres...», le dice Ghiselaine a Gabriela. Los besos y los autógrafos dan paso a los flashes. No hay tiempo que perder. Apenas quedan veinte minutos para la función y todas quieren retratarse junto a sus ídolos. Primero una, luego la otra. Después, en grupo. Besos y más besos. No quieren despedirse, pero es lo que toca.
Ane y Eike, en cambio, no se conforman. Quieren más. Y antes de abandonar el 'backstage' hacen un quiebro inesperado y se cuelan en los camerinos de la 'troupe'. ¿El objetivo? Chad Danforth, el mejor amigo de Troy y compañero de su equipo de baloncesto. Otro guapo «con tableta» -es lo primero que las dos nuevas amigas cuentan al resto del grupo nada más salir- que les arranca de nuevo esa risa nerviosa que delata su emoción.
El timbre indica las ocho y media. La hora de la función. Pegados a los cristales de las puertas de acceso al teatro, algunos padres siguen todavía desde la distancia las andanzas de sus hijas. Pero a ellas les quedan todavía dos y media por delante para seguir soñando.









