
Bermejo, frutería, charcutería y panadería, es una tienda de las de toda la vida. Está en lo poco que queda del mercadillo Paraguay. De las galerías subterráneas y las 18 tiendas que acogían sólo queda, al pie de unas escaleras sucias, una persiana que cierra el acceso y algunos carteles escritos a mano y pegados en el exterior donde se anuncia que se repara calzado y que la carnicería de los Hermanos Tudero es la mejor «del mundo entero». Desde dentro sale un olor a polvo y se ve escombro, porque todo eso va a ser un garaje.
«Es una pena», dice Paco, como todo el mundo le conoce en el barrio. Él está arriba, al nivel de la calle, y comparte galería con una carnicería, una panadería y una cristalería. «Esto funcionaba bien, pero al poner aquí El Boulevard la gente va allí hasta a por el pan». Paco no lo entiende porque asegura que él ofrece más calidad y mejores precios. Si acaso, la razón puede ser que «allí ni te enteras de lo que gastas: pasas la tarjeta de crédito y que sea lo que Dios quiera. Sin embargo, aquí ves cada céntimo que te dejas».
También es cierto que Paco se gana cada uno de esos céntimos. Se levanta a las cinco de la mañana para ir a recoger la fruta, llega a la tienda a las 7.30 para poner las cosas en orden «y para atender a la gente que viene. Aunque oficialmente abro a las nueve, si viene un vecino no le vas a dejar de atender». Por la tarde duerme una siesta insuficiente para aguantar hasta las nueve y media de la noche, hora de cierre. «A última hora es cuando más gente viene, cuando salen del trabajo». Ninguno de sus cuatro hijos quiere esa vida, «trabajar 16 horas al día», y Paco mira hacia la jubilación. «Tengo 61 años y empecé a trabajar con ocho. Creo que ya va siendo hora de descansar».
Cerca del cliente
En las antípodas vive Mercedes, de Pasta Bertalotto. Es 'la nueva' en el mercado Gasteiz y apuesta por lo que muchos expertos ven como la única vía de supervivencia para este tipo de comercio: la especialización. «Tenemos un obrador propio y producimos pasta fresca». Lo que trata es de ofrecer «un producto exclusivo que no puedes encontrar en otros sitios». El negocio comenzó hace diez años frente al seminario y luego se trasladó a Lakua. Allí está el obrador, y en la Avenida la tienda. «Nos queríamos acercar a nuestra antigua clientela y, por ahora, la cosa no va mal».












