
Por ello, los primeros que pueden y tienen que evitar el problema son los padres, «que deben controlar las horas que su hijo pasa en Internet». Marcar una línea es difícil, porque el ordenador se ha convertido en herramienta fundamental en la enseñanza hoy en día, pero lo cierto es que, «si como instrumento es bueno, como fin en sí mismo puede desembocar en este tipo de trastornos».
Cada vez se detectan más casos, «y en los centros influyen y mucho», por eso los directores, orientadores y los propios enseñantes se muestran más que preocupados, y tratan de buscar una solución y una salida. «Porque como educadores comprendemos el daño psicológico que les produce», señala Arribas.
Además, «no es un problema que afecte a las clases bajas o marginales, sino, al contrario, suele detectarse en famillias de nivel medio-alto, en las que el ordenador, la televisión y los videojuegos se convierten en elementos de tentación continua, estando siempre a disposición del joven, y con una permisividad excesiva por parte de los padres».
Sin embargo, Arribas no cree que la causa fundamental de todo el conflicto sean las nuevas tecnologías, sino que éstas son la herramienta utilizada por los jóvenes para encubrir un problema subyacente. «En el fondo es la consecuencia de la inmadurez y el miedo de los jóvenes a afrontar su relación con los demás, su socialización, y a comenzar a asumir responsabilidades, como puede ser su propia formación».
Por eso, se encierran, «viven en un mundo distinto al real, autistas de su propia realidad, y creando una marginación que es, de algún modo, buscada por ellos mismos». Y así, mediante un efecto espejo, trasladan actitudes negativas de esa 'nueva realidad' a su vida, «como puede ser la mentira».
Pero no es éste el único problema al que en los últimos años deben enfrentarse en los centros de enseñanza. Muchos nuevos conflictos están apareciendo, «algunos tan recientes que ni siquiera tenemos capacidad de respuesta». Son las bandas, los intentos de vender droga «a chicos que aún no saben decir que no», el acoso escolar por parte de los propios alumnos, el acoso a profesores, etc.
Porque, al final, «los centros son un microcosmos de un macrocosmos general», y se limitan a reflejar los conflictos que fuera de ellos, en el conjunto de la sociedad, se producen cada día. Una problemática muy variada a la que hacer frente, con una experiencia que deberá ir adquiriéndose.






