
Sabiendo todo esto, la Asociación Amigos de Cenicero y el Ayuntamiento de la ciudad se aventuraron a organizar una exposición sobre la vida y obra de esta mujer. Todavía se conservan algunas de sus pertenencias y se podían dibujar los momentos más importantes de su vida de una forma sencilla, para que grandes y pequeños conociesen más en profundidad a una de las cenicerenses ilustres.
La Mujer
La muestra se encuentra en la Casa de Cultura 'Las Monjas', y ayer fue inaugurada con todos los honores. El recorrido por la vida de Gregoria Artacho consigue detenerse en cinco aspectos de su vida, y por ende, de la vida reciente de Cenicero. Gregoria Artacho había nacido en Cenicero el 4 de julio de 1853. Todavía la localidad era villa. Nació en el seno de una familia adinerada. Su padre, Juan Bautista Artacho Lacorzana era militar, de la orden de primera clase de San Fernando y capitán del tercer batallón de infantería número treinta y tres. Su madre, Feliciana Pascual Caballero, tenía numerosas posesiones en Cenicero, entre ellas, la solariega casa que heredó después Gregoria Artacho y que a su muerte se convertiría en asilo de ancianos.
Gregoria Artacho conoció una localidad que había participado en la Guerra Carlista en 1834. Un Cenicero que todavía pagaba 'perchas' al Señorío de Nájera. Un Cenicero que se declaró 'afrancesado' y un Cenicero que, llegando el siglo XX, sufrió la filoxera, se arruinó en el campo y se modernizó con la concesión de regadíos unos años después.
Su matrimonio con Ezequiel Fernández Santayana, también militar, hizo que su vida girase en torno a las costumbres de finales del siglo XIX. Religiosa, educada, caritativa y consciente de todos los problemas que tenían sus vecinos.
Si la localidad y la familia fueron importantes en la vida de esta mujer, no lo fue menos su sobrina, María Caballero, que había quedado huérfana de niña y a la que acogieron Gregoria y Ezequiel como sus tutores legales. María se casó con Alberto Caballero Valdivielso, que llegó a ser alcalde de Cenicero.
Sus pertenencias
La exposición recrea también lo que fue la casa de Gregoria Artacho, donde vivió hasta su matrimonio, y a la que, una vez viuda, volvió para pasar los inviernos. Contaban los que la conocieron que madrugaba para ir a misa y que saludaba a sus convecinos en el trayecto de su casa a la parroquia.
En la casa se han conservado su vajilla, su cristalería, la mantelería de gala que ella misma bordó, su dormitorio, el comedor de gala y otras pertenencias de la benefactora local. Todo se puede ver en la parte de la exposición que se dedica a la casa, así como la relación catastral de sus bienes, y los aperos de labranza de sus criados.
Las piezas
En total, más de doscientas piezas componen la muestra que se podrá visitar hasta el próximo día 31 de mayo.
De ellas hay que destacar dos: en primer lugar una imagen inédita que pertenece a la familia Caballero Wangüemert; y en segundo, la reproducción fiel del busto que se encuentra en el jardín del asilo, realizada por el artista riojano Ricardo González y financiada por Fundación Caja Rioja.






