
-¿Qué criterios siguió en la elaboración de logotipo de 'País Vasco, un alma solidaria'?
-Quería huir de la abstracción y la ñoñería, dar una visión plural para que cualquier se pudiera sentir identificado con la imagen.
-¿Cómo hay que ejercer la solidaridad?
-Hay que empezar con uno mismo, ser solidario es una acción individual. Otra cosa es si te organizas o no.
-¿Vivimos en una sociedad autocomplaciente?
-Sí, tal y como ocurre en las sociedades opulentas. En las más pobres, la solidaridad surge de manera intuitiva y natural, sin necesidad de grandes ONG, forma parte de su patrimonio sentimental, mientras que en las ricas se consume mucha energía para preservar las posesiones de aquellos que no tienen nada. Eso se nota en el reparo que provocan los inmigrantes, a pesar de que son necesarios para nuestro progreso. Se miran con temor, cuando lo cierto es que las fronteras son meros artificios políticos.
-Curiosamente, se relaciona arte con el lujo y el glamour, cierto clasismo, lo más ajeno a la dura condición de los marginados.
-Se confunde el arte con el negocio y en Occidente existe mucha especulación con la creación, pero es un fenómeno completamente ajeno a su ser. En realidad, lo que realmente define a una sociedad es su posibilidad de generar arte.
El sida movilizó a los artistas plásticos, sobre todo en el período de mayor incidencia y mortalidad. -Actualmente, parece que los artistas plásticos se comprometen poco en causas concretas.
-Es verdad, hubo un tiempo, durante el franquismo, en el que había un compromiso social del artista a todos los niveles. Asumían la responsabilidad que proporciona su capacidad para comportarse como un altavoz. Pero se les ha ido perdiendo el respeto, porque se lo han buscado o porque la sociedad ha mirado hacia otro lado. No es que sean más listos que nadie, pero su trabajo les hace ver el mundo con una perspectiva diferente, compleja, más racional, que merece ser compartida.
-¿Cómo valora la iniciativa puesta en marcha por EL CORREO?
-Una empresa así es un negocio, pero también una fuente de información y una herramienta de cierta transformación social. Un diario tiene que generar sensibilidad, dar ejemplo, mostrar una luz, y luego la sociedad ya decidirá si se deja iluminar o no.







