PARÍS

LA MUESTRA
La culpa del regreso doloroso a un pasado traumático la tiene una exposición fotográfica organizada por el Ayuntamiento socialista en su Biblioteca Histórica. Se encuentra situada en pleno corazón del Marais, antaño populoso barrio judío, a unos metros del emplazamiento de la sinagoga de la calle Pavée, que fue dinamitada el 3 de octubre de 1941 por una banda de colaboradores con los nazis. De este atentado, como de otros desastres de la guerra, en la muestra no se ve nada.
Las 270 imágenes expuestas son obra de André Zucca (1897-1973) y tienen la particularidad de pertenecer a la única serie de diapositivas en color captadas por un fotógrafo francés en París durante la ocupación alemana (1940-1944). Acreditado por la potencia invasora y empleado de la revista de propaganda nazi 'Signal', Zucca gozó del privilegio de tener a su disposición películas Agfacolor, invención alemana competidora de la Kodacolor estadounidense.
En los días y horas de mayor luminosidad salió con su cámara a las calles de la ciudad de la luz a plasmar el rostro amable e idílico de la vida cotidiana bajo la bota hitleriana: el guiñol en los Campos Elíseos, los bañistas en el Sena, los niños jugando con barquitos en el parque de Luxemburgo, las carreras de caballos en Longchamp, los saltimbanquis de Pigalle, el ferial del Trône, el rastro de Saint-Ouen, la salida de los cines, las terrazas abarrotadas de los cafés, la vida mundana... y las tropas ocupantes, con sus uniformes, vehículos y cruces gamadas confundidos en el paisaje u ofreciendo concertos al aire libre a auditorios embelesados. Como escribió Sartre en 1945, «los alemanes no recorrían las calles con las armas en la mano».
Cuenta el historiador Jean-Pierre Azéma, en el prólogo al catálogo, que Adolf Hitler no deseó destruir una ciudad caída intacta en sus manos pues decía que «cuando hayamos terminado Berlín, París no será más que su sombra». Joseph Goebbels ordenó a los funcionarios de la Propaganda Staffel que relanzaran la actividad cultural y urbana para recuperar la animación y alegría de la típica vida parisiense. Zucca colaboró en la empresa con el ojo cómplice de un esteta de estómago agradecido. Paradójicamente, ninguna de sus 1.058 diapositivas llegó a ser publicada por 'Signal', ya que la revista reservaba el color a las escenas de guerra.
«No muestra nada»
En una hoja de 'Advertencia' que dan a la entrada de la muestra, se dice que el fotógrafo «eligió una mirada que no muestra nada, o muy poco, de la realidad de la ocupación y de sus aspectos dramáticos: colas ante las tiendas de alimentación, redadas de judíos, carteles anunciadores de ejecuciones... En las imágenes tampoco hay ningún rastro de la resistencia, pese a estar presente en París desde 1940». Tan sólo aparecen en un par de instantáneas dos judíos con la estrella amarilla en el pecho que estaban obligados a llevar visible desde mayo de 1942 a partir de los seis años de edad.
La octavilla ha sido la reacción improvisada de la concejalía de Cultura a las críticas por la ausencia de contexto histórico y pedagógico en la exhibición de unas estampas relegadas por los detractores a su sola dimensión propagandística. «No es la vida de los parisienses bajo la ocupación lo que se desvela sino la de los parisienses tal como los alemanes deseaban mostrarla», denuncia en el dominical 'Le Journal du Dimanche Yasmine Youssi ', a quien la exposición ha dejado «un gusto amargo, por no decir detestable».
El escritor Pierre Assouline observa en su blog que las fotos «restituyen un cierto ambiente de los años 1940-1944, ligero y despreocupado, mientras en las zonas sombrías de esas mismas calles y avenidas se reventaba de hambre y frío, se hacían redadas, se torturaba y se deportaba». En el diario 'Libération', Gérard Lefort echa en falta testimonios, aunque fuesen en blanco y negro, «si no de la minoría resistente, por lo menos del racionamiento, la vida difícil, los arrestos y ejecuciones de francotiradores y, sobre todo, las redadas de mujeres y niños judíos a partir del verano de 1942».
Juzgado y absuelto tras la Liberación, Zucca se cambió de nombre, trabajó como fotógrafo de bodas y murió en París a los 76 años. Su hijo, el fotógrafo y cineasta Pierre Zucca (1943-1995), cedió en 1986 a la ciudad de París los 23.000 negativos de su patrimonio. El que hoy resucita la mala conciencia de la vida en nazi.







