La formación considera que hay que situar los centros de menores «en su verdadero nivel de conflictividad» y asegura que menos de un 10% de los jóvenes inmigrantes tutelados llegan a ser conflictivos, una situación «difícil de gestionar por el estilo de centro masificado en el que se encuentran». En su opinión, la solución pasa por habilitar instalaciones que sirvan para que estos chavales, «con una vida de por sí muy dura», puedan integrarse «sin rechazo social».





