
Los operarios más veteranos ya ni se acuerdan de cuándo vieron mujeres por esos muelles y recurren a la memoria para situarse hacia los años 60, aunque entonces tenían otras tareas bien distintas a las de estiba. Por eso la noticia de la llegada de la primera de ellas, en junio de 2007, no pasó desapercibida. «Había gente metida en los coches, esperando a que venga la chica para verla», dice la bilbaína Arantza Canto. Lo que pareció anecdótico se repitió bien pronto. En noviembre del pasado año llegó la segunda, aún más joven, vecina de Sopelana.
Ambas han aterrizado en un mundo diferente, desconocido para la mayoría. Según la más veterana, «de tarea física no me había tocado nada tan duro, porque trabajaba en la oficina, pero me adapté bien». A su compañera le ocurrió algo similar: «Estaba estudiando y haciendo pinitos de dependienta. Nada que ver. En mi vida había visto un barco así de cerca. Me pareció gigante».
El mundo de los muelles es duro. Al trabajo se le une el riesgo, que obliga a una alerta constante para evitar errores. «La vez que más miedo pasé fue en el 'Ariston'. Traía tubos. Cuando fui a pisar uno para enganchar la izada, se corrieron todos hacia mi. Tuve suerte y sólo me hice unos moratones en las piernas, apunta la joven de Sopelana. Las dos están «encantadas» con las tareas, aunque incluyan el vaciado del carbón de las bodegas, el que se cuela entre las cuadernas, que son algo así como las costillas de los barcos. Otras veces les toca el 'recibimiento' de vigas de hierro, de 12 metros de longitud, además de contenedores, grano o carcasas gigantes de los molinos eólicos. Cargas de todo tipo, en unos muelles con un trajín constante de carretillas mecánicas.
Guantes de portero
Al tratarse de tareas a cielo abierto, la meteorología es un problema añadido. «Siempre miro al termómetro de la farmacia de enfrente y veo la temperatura que hace. Puedes adivinarlo si sabes el número de camisetas que llevo. Cada dos grados de frío me pongo una en invierno, además de gorro, varios calcetines, guantes finos por debajo de otros de portero de fútbol. Parezco un hojaldre. Soy todo capas de ropa. He llegado a llevar hasta 5 camisetas -una térmica-, sudadera, jersey y un anorak», confiesa con humor Canto.
Aunque han roto «la hegemonía masculina», como apuntan, su adaptación ha sido muy rápida. «Son muy trabajadoras, inteligentes y muy buenas personas», comenta Javi Rebollar. Su simpatía contagia a los compañeros. «Hay muy buen ambiente de trabajo y haces cosas distintas, porque hoy estás en las bodegas de los barcos, mañana en tierra Es una relación mogollón de cercana con la gente y no hay presión de los encargados si haces el trabajo que te mandan», indica la joven de Zorroza.
El Puerto de Bilbao es un área de trabajo enorme donde todo empleado novato se pierde y un micromundo especial vedado hasta ahora a las mujeres. Tan especiales son las tareas de carga y descarga que requieren del aprendizaje de un vocabulario específico y amplio, como apunta Canto: «Tengo un compañero que me enseña dos o tres palabras nuevas al día: aparejo, gaza, bulón, 'portainer' y 'transtainer', que son unas guías que empleamos para los container».
Labor de riesgo
Las dos jóvenes constituyen un ejemplo firme y decisivo para derribar estereotipos machistas extendidos también entre las mujeres. Como las dos empleadas son eventuales, dependen de empresas temporales que confían en ellas, porque el trabajo entraña riesgos y la tendencia a la hora de contratar es recurrir a quienes tengan cierta experiencia. Ahora las dos quieren convertirse en estibadoras con trabajo fijo. «Sería un sueño», coinciden.
Su presencia ha derribado un muro mental, que desaparece en la práctica al contar con el apoyo de todos sus compañeros y del sindicato UGT, quien las propuso para los muelles. «No llegan currículos de mujeres, pero en cuanto tuvimos uno lo presentamos. El gerente de la sociedad de estiba lo aceptó y las ha apoyado. Cumplen con las tareas exactamente igual que cualquier otro, pero al principio sí nos encontramos con problemas para meterlas a trabajar aquí», dice Israel Ruiz. El delegado sindical de UGT en el Puerto reivindica que «ahora falta habilitar vestuarios para los trabajadores eventuales, porque carecen de ellos. Sólo los pueden utilizar los fijos». Además, harán falta unos específicos para las mujeres que empiezan a cargar y descargar barcos.





