
Arrancó el 'sí' de su esposa después de colocarle un caprichoso e impresionante broche en su pechera, similar a los que utilizaban en el siglo XVIII los soldados venecianos. Con una peculiaridad. Fuertes pero coquetos, los militares se distinguían en sus batallas por lucirlos en forma de pendientes como símbolo de bravura «en su lucha contra las invasiones orientales», afirma Jacob A. Bendahaan, portavoz de la firma italiana en España. Pero no era un pendiente cualquiera. La pieza estaba adornada con piedras preciosas.
'Otelo' de Shakespeare
Nardi tuvo la habilidad de transformar aquellos enormes colgantes en unas composiciones más refinadas y aligerar su silueta hasta convertirlos en broches. Y modificar el destino de sus usuarios. Han cambiado de manos y pasado a otros campos menos belicosos. De los guerreros a las mujeres. Pero con igual sino: arrasan. Hoy, los 'morettos' se han convertido en objetos de deseo y de colección, sólo para un puñado de afortunadas. Fabricados con oro de 18 quilates, esmalte y enriquecidos con infinitos diseños y combinaciones de diamantes, perlas y piedras preciosas que se incrustan en el turbante, los 'morettos' siguen teniendo la misma forma de siempre: el busto de guerrero turco inspirado en la descripción del 'Otelo' de Shakespeare. Se siguen realizando con las técnicas que los artesanos venecianos ya empleaban en el siglo XVIII. Y, claro, tanto lujo hay que pagarlo. Sobre todo, cuando se trata de composiciones exclusivas. En esos casos, el precio no baja del millón de euros, pero fácilmente puede alcanzar los dos. Son, evidentemente, caprichos para multimillonarios.
Ahora, y tras su paso por Barcelona, Alberto, la tercera generación de Nardi, traslada a Bilbao el espíritu de esta alta joyería en el único viaje que realiza a otras ciudades europeas desde su establecimiento «del número 68 de la piazza San Marco». También con unos precios, evidentemente, más asequibles. Bastante más.
Durante el martes y miércoles el Hotel Carlton acogerá la muestra. La colección incluye además de los famosos broches, pendientes, gemelos, collares, pulseras... Incorpora también figuras africanas y asiáticas, además de los arlequines, como símbolo de los populares carnavales. Tras doctorarse en Historia del Arte, Alberto decidió unirse a su padre y prolongar la historia de su propia dinastía. Cuenta que se formó como gemólogo y que la pasión por mantener el histórico legado familiar le ha llevado en interminables viajes por Colombia, Sri Lanka, Birmania y otras muchas ciudades del mundo... en busca de las mejores gemas. Asegura que disfruta con su profesión. La define como la del «joyero ideal». «Hay que buscar la gema adecuada para conseguir la pieza ideada pero con los métodos de siempre». Es el único modo, recalca, de conseguir una joya cuya «belleza sea atemporal».
Insectos y mar
En Bilbao mostrará anillos, alfileres, cadenas y pulseras que recrean formas de sirenas, tortugas, mariposas, rosas.... Anuncia para este verano una moda basada en formas de insectos y piezas marinas como las estrellas de mar. Se pondrán a la venta desde 400 euros, aunque las figuras más caras se disparan hasta los 18.000. Elaboradas con piedra de lava, hay anillos de amatistas y rubíes que recuerdan la Edad Media, cruces bizantinas características de Venecia... Según Alberto, la muestra se inspira en una «multiplicidad de temas» pero con el objetivo de sugerir «una atmósfera evocadora del 'settecento'»
La misma que en su día cautivó a Grace de Mónaco y la reina de Bélgica -para ambas creó modelos exclusivos que, además de llevar los nombres de 'Grace' y 'Paola', se han convertidos en los emblemas de la casa y los más vendidos- y han seducido a la realeza del nuevo siglo, abanderada por la infanta Elena. Estampó dos 'morettos' en el traje chaqueta que lució el día del bautizo de su hija. Pero el 'souvenir' más exclusivo de Venecia quedará ligado para siempre a una bella historia de pasión que le sirvió a Giulio para abrochar su amor y hacer un gran negocio hasta convertirlo en el regalo de pedida imprescindible por los canales. Que para algo era joyero.
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