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Puntitos entre las nubes
Los paracaidistas de la brigada 'Almogávares VI' deleitan a cientos y cientos de logroñeses con sus precisos saltos desde 1.500 metros de altura
12.05.08 -

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Puntitos entre las nubes
ATERRIZAJE. Uno de los paracaidistas toma tierra en el campo de fútbol de La Ribera. / FOTOS: R. LAFUENTE
Los ecos de la banda llegaban hasta la pista de aterrizaje improvisada en el aparcamiento del instituto logroñés Comercio. No había coches. Un colosal helicóptero Cougar del Ejército de Tierra ocupaba el lugar. Cientos de logroñeses deambulaban, curiosos, en torno a la máquina. A un lado, los paracaidistas de la brigada 'Almogávares VI' ultimaban los preparativos de sus pertrechos aéreos.

La demostración de salto con paracaídas estaba a punto de comenzar. La cita suponía el broche de oro a las maniobras de instrucción que unos setecientos miembros de la brigada han desarrollado durante la semana en La Rioja, Navarra y Castilla y León. El reloj pasaba unos minutos de las 13 horas. Niños, jóvenes y adultos sabían que, de un momento a otro, ese ingente artilugio metálico iba a sobrevolar la ciudad.

Los rotores empezaron a girar. La banda enmudeció. Arreció el viento y se levantó la polvareda. Pasaron unos segundos y el helicóptero se elevó. En el interior, trece paracaidistas esperaban la señal. La tripulación fijó el rumbo: la altura predeterminada era los 1.500 metros de altura. Cuando la máquina desapareció, los logroñeses emprendieron una singular carrera de obstáculos. El objetivo era coger un buen sitio en los aledaños del campo de fútbol del complejo de La Ribera.

La diana

Cientos de personas pasaron a toda velocidad por la exposición organizada por la brigada en los pasillos del centro deportivo. En su carrera, dejaron atrás sorprendentes uniformes, documentos fotográficos y maquetas soldadescas que más tarde atenderían. Las gradas se colapsaron en pocos segundos. La expectación era máxima. Una cruz enorme, situada en el centro del campo, marcaba el punto de caída. Todo el mundo escrutaba el cielo.

El helicóptero sobrevoló las nubes. Una pasada y saltaron cuatro paracaidistas. Otra y aparecieron otros tres. «¿Ya se han lanzado!», decían, «¿cuántos son?, ¿hay uno más entre las nubes!». Al principio, eran unos puntitos en el cielo. Más tarde, unas piernas y, después, soldados uniformados.

Cada vez que un paracaidista tomaba tierra, la gente aplaudía. Tanto mayor era la intensidad cuanto más cerca de la diana descendían. Cuando parecía que todo había acabado, la última pasada del Cougar dejó a seis paracaidistas en el aire. Descendieron en perfecta alineación. «¿Parecen bailarinas!», dijeron. Mil giros y pisaron el césped. El gentío aplaudió a rabiar, la banda tocó con ímpetu y el Cougar se despidió con una sobrecogedora pasada rasante.
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