El arquitecto riojano José Miguel León recibía ayer la noticia, por la prensa, con «alegría y satisfacción». El proyecto que ha defendido a capa y espada durante los últimos años, por considerarlo el más adecuado, y que fue paralizado a los siete meses de comenzar las obras, será finalmente el que se utilice para restaurar el edificio barroco.
Respecto a las posibles modificaciones del proyecto o la necesidad de elaborar un proyecto puente, León cree que «habrá que hacer algo de adecuación, pero ya ratifiqué ante el Consejo de Patrimonio en diciembre que el Museo todavía podía rehabilitarse y que el vaciado era un error». Y es que, la que fuera casa del General Espartero «no tiene patologías arquitectónicas preocupantes», ya que los muros del edificio son «sólidos». Lo que ya no es capaz de cuantificar es el incremento del presupuesto de la obra.
Contento, León se muestra dispuesto a colaborar con los técnicos del IPHE para «dignificar y mejorar las instalaciones del mejor edificio barroco de la ciudad. Según sus datos, la fachada que está en peores condiciones es la posterior que está a la intemperie y lleva sin arreglarse desde los años 60. «Lo que no mejora empeora», señala.
Por otro lado, el arquitecto riojano, que aplaude la actuación del Ministerio de Cultura y de la Consejería, que «ha sabido defender el proyecto hasta el final», exige a las administraciones que den una explicación a todos los logroñeses. «Tienen derecho a saber el motivo de la paralización de la obra», apunta. Por su parte, León no se aventura a decir qué ha pasado en este tiempo. «Era una incógnita, todos estábamos a la espera de una solución», añadió.
Ahora, sólo espera poder ver cómo su proyecto se pone en marcha y cómo el Museo de La Rioja abre de nuevo sus puertas al público con las mismas características constructivas del edificio, que data del siglo XVIII, aunque adaptado a los tiempos que corren.