Órdago a la grande. María San Gil tensó ayer hasta el extremo el pulso que mantiene desde el domingo con Mariano Rajoy. La líder de los populares vascos dice haber perdido «la confianza» en la cúpula nacional y amenaza con abandonar la dirección en Euskadi si «en 40 días» no disipa las «dudas serias» sobre un «giro» en la estrategia del PP en cuestiones como «el concepto de nación», la relación con los nacionalistas o el propio «referéndum de Ibarretxe».
De no variar su actual percepción de las cosas, advirtió, «no es consecuente que siga liderando el PP». Por todo ello, ha decidido convocar en julio el congreso regional que no debía celebrarse hasta marzo de 2009, una vez superadas las elecciones autonómicas, para las que San Gil partía en principio como clara candidata.
La presidenta del Partido Popular vasco rompió su silencio y ofreció su visión de los acontecimientos, que han desembocado en la renuncia a firmar la ponencia política del próximo cónclave nacional de Valencia. Lo hizo en una rueda de prensa convocada de urgencia, apenas unas horas después de que ETA atentara contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Legutiano y asesinara a Juan Manuel Piñuel.
San Gil, que arrancó su intervención con una breve condena de la última acción terrorista, se explayó en dar a conocer los motivos de su «paso atrás» y su desmarque. Dijo haberse sentido «engañada» y «poco respaldada» por la cúpula nacional durante la elaboración de la ponencia con el dirigente canario José Manuel Soria y la catalana Alicia Sánchez Camacho. «No había la voluntad de plasmar de una forma firme y clara lo que el PP es y defiende», subrayó para, a continuación, tratar de eximir de culpa a Mariano Rajoy, a quien había telefoneado poco antes de su comparecencia y con quien después coincidió en el velatorio del guardia civil. Tras visitar a las víctimas del atentado mantuvieron un breve encuentro en un hotel vitoriano. En presencia de la plana mayor del PP vasco, que transmitió un mensaje de prudencia a ambos dirigentes, San Gil repitió a su presidente los argumentos y las quejas que por la mañana había esgrimido ante la prensa. Los dos líderes quedaron, no obstante, en reunirse cara a cara en los próximos días para buscar una solución.
La máxima responsable de los populares vascos había achacado por la mañana el devenir de los acontecimientos a «algún colaborador cercano» al presidente. Unos problemas que personalizó en José María Lassalle, hombre de confianza de Rajoy.
«Lucha de titanes»
Reconoció que «el problema no es el texto» presentado el martes por Camacho y Soria, sino que la discusión y las dificultades que ha encontrado para hacer prevalecer su opinión le han provocado «una clara quiebra de la confianza con la dirección nacional». «Y eso es -recalcó- suficientemente serio para que yo diera un paso atrás». Tras advertir de que «desde el primer momento surgieron discrepancias de fondo y forma», aseguró que en ciertos momentos llegaron a coexistir «dos ponencias claramente antagónicas». Ante la «imposibilidad» de un acuerdo, la cúpula de Génova designó a Lassalle como mediador.
«Ahí empezó una lucha de titanes», describió San Gil. Según explicó ayer, el diputado cántabro «discutía y rebatía el análisis político del momento en que vivimos y la necesidad de plasmar de una forma clara cómo tiene que ser la propuesta del proyecto de esa gran España de ciudadanos libres e iguales que tenemos que ofrecer». Ante el cariz de la discusión, la presidenta del PP vasco habló por teléfono con Rajoy, quien le garantizó que «se incluiría» en el documento todos los aspectos que ella solicitaba.
Sin embargo, según su versión, los problemas continuaron el mismo domingo, cuando Lassalle intentó «modificar o suprimir» cuestiones que para la líder vasca eran «imprescindibles» sobre «la definición de nación, el Estatuto catalán o el futuro Estatuto vasco, el referéndum de Ibarretxe, la actitud del PNV con el terrrorismo o la corresponsabilidad del PSOE a la hora de disgregar España».
«Si la persona que Rajoy pone como interlocutor -prosiguió San Gil- me discute hasta el concepto de nación, me preocupo, y si sugiere un cambio de estrategia respecto a los nacionalismos en País Vasco y Cataluña, lo único que hago es ponerlo encima de la mesa». Fuentes del PP han asegurado a este periódico que la líder vasca ha pedido al jefe de la oposición que se desprenda de algunos de sus colaboradores, entre los cuales estaría Lassalle. Una solicitud que parece difícil que Rajoy vaya a aceptar, reconocieron las mismas fuentes.
San Gil quiso dejar claro, no obstante, que «no tiene ninguna intención de competir» por la presidencia nacional del partido y lamentó que su pulso «pueda contribuir» a la «ruptura interna». «Lo que no se puede hacer cuando no se está cómodo es disimular», explicó.