Los urbanitas somos así. Paseamos por el campo, nos exponemos al paisaje, y nuestro espíritu se expande y almidona. «El mundo está bien hecho», pensamos mientras apreciamos las distintas tonalidades del verde y admiramos la frágil arquitectura de las mariposas. «Es necesario para el hombre volver a la Naturaleza», nos decimos a continuación, mientras encendemos un cigarrillo con sus 15 miligramitos de alquitrán y continuamos trotando sendero abajo.
Lo que ignoramos es que, en ese mismo momento, la Naturaleza está en guerra. Siempre lo está y el paisaje no es más que la hermosa tapadera de una batalla invisible, cruel y silenciosa, una escabechina que podría recordarnos a una tela pintada por El Bosco, sólo que protagonizada por insectos chiflados, plantas asesinas y demás organismos seriamente obsesionados por el instinto de supervivencia.
En el edén de Urdaibai, por ejemplo, viene dándose desde hace tiempo una terrible campaña de exterminio y ocupación. Una planta de origen estadounidense, la Baccharis halimifolia, está tratando de colonizar las marismas, aniquilando a una pacífica flora autóctona que nada puede hacer frente a un invasor disciplinado y brutal como el ejército del General Lee.
Militarmente hablando, la Baccharis es una planta extraordinaria: tiene un alto poder de germinación y una alarmante falta de sentimientos. Lo que está haciendo en Urdaibai resulta tan cruel que la consejería de Medio Ambiente del Gobierno vasco ha tenido que poner en práctica un plan de intervención directa que no descarta el uso de armas químicas. Ahora sabemos que ese plan comienza a dar sus frutos. Se confirma que hay más de cien mil bajas en el bando invasor.
Pero todavía quedan muchas hectáreas de las marismas de Urdaibai en poder del enemigo. La batalla será larga y se derramará savia, sudor y lágrimas. Esperemos que, tras todo este sufrimiento vegetal y presupuestario, a nadie se le ocurra volver a plantar Baccharis en su jardín. Sería un acto descabellado. Algo así como volver a disparar al Archiduque Francisco Fernando en Sarajevo.