Fernando Castro Flórez, crítico de arte y comisario de exposiciones, niega haber asesorado al museo Guggenheim en la compra de obras de arte para su colección propia, como dijo la consejera de Cultura, Miren Azkarate, en una comparecencia en el Parlamento vasco el 11 de mayo de 2004. En ella, dio una lista de expertos que avalaban las adquisiciones. Castro Flórez figura en la relación, lo mismo que Hans-Ulrich Obrist, codirector de la Serpentine Gallery de Londres, que también ha negado el que realizara esta labor.
«Es una vergüenza, porque han usado mi nombre sin mi permiso y no sé con qué intenciones. Nunca he asesorado al Guggenheim, un museo con el que siempre he sido muy crítico. Sólo escribí un texto para una obra de Txomin Badiola incluida en una exposición. Exijo una rectificación porque estoy como asesor en el diario de sesiones de un Parlamento y no sé qué consecuencias puede tener. Me encantaría que el Guggenheim aportase un documento de asesoría donde figure mi nombre», declaró ayer a este periódico Castro Flórez, que medita si llevar el caso a juicio.
Obrist también ha manifestado que su única colaboración con el Guggenheim se limitó a un texto para un catálogo, y que nunca ha actuado como asesor en las compras de la pinacoteca.
Azkarate acudió a la comisión de Cultura en mayo de 2004, acompañada de Juan Ignacio Vidarte como director general del museo, para responder a una pregunta de la socialista Isabel Celaá sobre el precio pagado a Richard Serra por su conjunto de esculturas 'La materia del tiempo', que el museo y la consejería se negaron a desvelar.
Celaá pidió información sobre el proceso de compras y los controles en este aspecto a la Sociedad Tenedora del Guggenheim. La consejera explicó que existe un método, aprobado el 8 de marzo de 2001, por el que todas las adquisiciones para la colección de Bilbao pasan por una serie de filtros.
«Complejo y minucioso»
El primero consiste en un grupo de trabajo formado en aquel momento por Thomas Krens y Lisa Dennison, por parte de Nueva York, y Petra Joos y Vidarte como representantes del museo vasco, además del asesor artístico Alfonso Zorrilla, ya fallecido. Este grupo realiza unas propuestas, un informe por cada una de ellas y encarga una valoración de mercado elaborada por las casas de subastas Sotheby's y Christie's. Toda la documentación pasa luego a los miembros de la Tenedora.
A continuación, las obras con opción de compra se someten a la opinión de los expertos para que avalen o cuestionen cada operación. Es aquí cuando Azkarate introdujo los nombres de Castro Flórez, como crítico y profesor de la Autónoma de Madrid, así como el de Obrist, entonces profesor de la Universidad de Lueneburg (Alemania). A ellos se sumaban los de Robert Rosenblum, Phyllis Tuchman, Carmen Giménez, Emmanuel Guigon, Michael Mason, Matthias Bärmann y Francisco Calvo Serraller. El proceso termina con la negociación sobre el precio con galeristas o artistas y con la aprobación definitiva del consejo de la Tenedora.
«Como se puede apreciar, es un proceso complejo, largo y minucioso. Ojalá todos los museos tuviesen unos procedimientos tan rigurosos y toda esa documentación que acompaña en cada momento del proceso de adquisición de la obra», respondió la consejera a la parlamentaria socialista.