A vueltas con el factor cancha. Los que lo tienen, lo creen decisivo. Quienes se quedaron sin él, saben que es más que probable que lo echen en falta. Más en un camino sin retorno como el 'play-off' en el que esta noche debutará el iurbentia. Normal. La estadística dice que dicha variable premia a quien la posee favorable en casi un 80 por ciento de los casos. En un templo del baloncesto como el Palau blaugrana, atestado de personal -cómo aprietan los culés--, donde las huestes de Txus Vidorreta aún no han ganado, los hombres de negro se presentan en plan contestón, como de hecho han estado en esta, su fabulosa, temporada. Quieren apelar a su orgullo para que les tilden, con razón, de soberbios.
No quieren Vidorreta y sus hombres conceder más respeto del necesario al AXA Barcelona, rival para el que hoy arranca una compleja carrera contra el reloj en la que espera hacerse con el premio gordo, que dicho sea de paso es el único en juego: una plaza para la Euroliga. Como no la consiga, con la que va cae en su macroversión futbolera, los blaugrana que le dan a la canasta se van a llevar su buena ración de ingratitud. Por contra, con lo bueno y malo que también incluye en el 'pack', los de La Casilla se saben llamados a ser felices, a no sentirse presionados por, en el peor de los casos, iniciar sus vacaciones en la noche de este domingo. Algo que, a título personal, reconocen que en absoluto entra en sus planes.
El dato lo aportan los extranjeros, los primeros en buscar el aliento cálido de los suyos en la intersesión. No hay reservas realizadas aún. Es más, dada la premura de tiempo, pese a que aún no ha comenzado la fiesta, el club debe prever y organizar un posible pase a las semifinales. El baloncesto va a toda mecha cuando las palabrejas 'play-off' iluminan el panorama.
Ayer partía la expedición vizcaína rumbo a Barcelona. Fue llegar el autobús a 'La Paloma' y comenzar a descender del mismo sonrisas andantes. La mayoría optó por las bermudas y gafas de sol. Nada más ingresar en la terminal, el aguacero cegó los alrededores.
Una seguidora francesa descubre en las alturas a Fred Weis, le pide un autógrafo y se lleva incluido un sentido abrazo del pívot galo, que las ha pasado canutas esta semana con los caprichos de su faringe. Dice el gigante de Thionville-Santutxu que tiene «las piernas de algodón», pero sabe que se va a vestir de corto y que estará para aportar lo que pueda y un poco más. Como Drago Pasalic, que afloraba una sonrisa y de su voz surge un potente «estoy mejor» que invita al optimismo. Javi Salgado, el capitán, corrobora que la tropa se encuentra en su «mejor momento y con ganas de que llegue el partido».
¿Por qué no?
Las cuestiones tácticas no importan en un momento tan trascendente como el despegue de la nave iurbentia tras haber pasado por la ITV de su anterior y prolongada singladura en la liga regular de la ACB. Como descubridores en potencia que son, los jugadores de la franquicia bilbaína llevan los ojos bien abiertos. Muchos ya saben lo que son estas lides, hay campeones en el grupo. Pero lo bonito es compartir esa primera vez para este grupo que le va a poner la pimienta a una lucha por el título en la que el peso específico se lo llevan los nombre de siempre. Incluido el de su rival en los cuartos de final que arrancan esta noche (20.45 horas). Más que grande, el Barça es el club español más laureado en esto de la canasta. Pues nada, más morbo para el equipaje vizcaíno.
En diecisiete jornadas del campeonato doméstico, sólo el Cajasol se alzó como inesperado ganador en un Palau que hoy abre sus puertas a la ilusión. La de un iurbentia que sabe que, pase lo que pase, tiene una bala rebosante de pólvora en la recámara: el partido del domingo en La Casilla. Pero esa realidad, aunque está ahí, no ocupa tiempo ni espacio en la memoria de un grupo que lleva grabada a fuego una interrogante para esta noche. ¿Por qué no?