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Sólo Priamo puede con Alan Pérez
El navarro del Euskaltel-Euskadi fue segundo en la sexta etapa del Giro

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Sólo Priamo puede con Alan Pérez
POR POCO. Priamo celebra el triunfo, con Pérez detrás. / REUTERS
A la sexta etapa del Giro le recortaron algo más de treinta kilómetros. Y así y todo será la más larga: 231 kilómetros. Demasiados, incluso para el navarro Alan Pérez (Euskaltel-Euskadi). Casi protagonista del día. A él sólo le sobró la rampa final de Peschisi, uno de esos viejos pueblos costeros italianos retrepados sobre la roca. Le sobró esa calle y también la presencia de un italiano sin currículo, Matteo Priamo, que se llevó el que pudo haber sido su primer triunfo profesional y el primero del equipo naranja en la carrera rosa. Por poco. Cuestión de apenas unos metros tras los 231 kilómetros de la jornada maratón.
Hay algo que empuja a Alan Pérez hacia el Giro. Del ciclismo supo por su familia: su tío Roberto Lezaun fue profesional. En su pueblo, Zurukuain, en Tierra Estella, la infancia juega en bicicleta. A campo abierto. Como su tío, Alan Pérez es de piernas rellenas, musculares. Rodador, lanzador para velocistas. Así llegó al filial del Euskaltel, al Orbea. Un chico de equipo. Aún no sabía nada del Giro. En 2005 ni soñaba con él: una plica en la rodilla izquierda le atravesaba de dolor. Mil consultas. Nadie sabía. Era un mal invisible salvo por el dolor. Mucho.
Y así siguió durante meses hasta que una artroscopia a manos del traumatólogo Mikel Sánchez engrasó la bisagra. De rótula a rótula y a correr el Giro. Mientras Alan Pérez recomenzaba su carrera deportiva, un mito del Euskaltel-Euskadi, Roberto Laiseka, rodaba cerca de Pisa, en la decimosegunda etapa del Giro 2006. Al ciclista de Algorta una de sus rodillas le estalló como un huevo en el corazón de una caída. Fue su adiós. De Italia y de su deporte. Ya no volvió. Para coger su dorsal llamaron poco después a un navarro del Orbea. Ayer, ese joven de Zurukuain casi acaba el trabajo de Laiseka: el Euskaltel-Euskadi sigue la pista de su victoria inaugural en la 'corsa rosa'.
El de ayer era un final italiano: con repecho, con otro pueblo pino. El principio, en cambio, no fue de libro: los ciclistas madrugaron con ganas. A casi 47 kilómetros en la primera hora. Como agradecidos por el recorte del interminable recorrido del día. A esa velocidad se tejió la primera fuga: Mandri, Ochoa y Alan Pérez. «Mi objetivo en el Giro es acabarlo y enredar en alguna etapa», dijo antes de debutar. Ayer era día para enredar. Pronto se les juntaron Visconti -gracias a esa escapada es el nuevo líder-, Priamo, Iglinsky, Russ, Gavazzi, Nardello, Backstedt, Martens y Trusov. Hasta 16 minutos tuvieron. De sobra para llegar. Cuando lo supieron, empezaron a retarse. A falta de 15 kilómetros, Priamo, un dorsal de 26 años sin más historia que un par de puestos en carreras exóticas, buscó cobijo en un repecho. Alan Pérez se largó con él. Con fuerza. Fresco. Sin el lastre de la etapa más larga.
Pérez está en el Giro para lanzar a Koldo Fernández de Larrea. Un resorte. Tiene un punto de velocidad. Pero la cuesta de Peschici reclama más la fuerza. Esa aceleración innata en los italianos. La definición. El área. El gol. Alan Pérez se quedó a la distancia del punto de penalti. Eso sí, el Giro ya le conoce.
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