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Tomar precauciones
16.05.08 -

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No habrá verdadera justicia social hasta que los mileuristas puedan blindar sus puestos de trabajo. Cuando a un alto ejecutivo, por muy bajo que sea su nivel mental, le contrata una gran empresa, se asegura el futuro después de haber fracasado en ella. El hecho de que haya muchas compañías que lo hagan, en este decaído momento de la vida española donde hemos acertado a llamarle «desaceleración» a la ruina, determina que se estén produciendo comparaciones. No es cierto que sean siempre odiosas, ya que sólo lo son para una de las partes comparadas.
En algunas empresas, el sueldo de los ejecutivos es trescientas veces mayor que el de los últimos operarios. Incluso los que creemos en la jerarquía de los trabajos sentimos alguna repugnancia. No todos los cerebros son iguales, pero los estómagos suelen ser semejantes. Y además donde no hay marineros no puede mandar patrón.
La envidia, que por cierto está bien definida en los viejos catecismos como pesadumbre por el bien ajeno, no abarca estas situaciones. Es la ignominiosa desigualdad lo que hace intolerable la reglamentación. La prueba es que la UE planea gravar las retribuciones de los llamados «altos ejecutivos», ya que los países del euro, o sea los que saben lo que vale un duro, consideran escandalosos ciertos incentivos.
Cuando a algunos presuntos genios empresariales les dicen eso de «queda usted despedido», se lo anuncian con un cheque estruendoso. El blindaje les hace soportable la falta de éxito. El asunto ha sido discutido en la reunión del Eurogrupo y se ha acordado debatirlo en la próxima reunión del Ecofin. Se trata de amortiguar «los efectos perversos que se han establecido en ciertas remuneraciones», que suelen recompensar el patinazo que ha acompañado la gestión. El blindaje de los obreros de la construcción sólo consiste en el casco.
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