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LA RIOJA
Sólo 6 de cada cien llamadas recibidas en el Teléfono de la Esperanza son de mayores
El 60% de los usuarios del servicio tiene entre 35 y 55 años, hay más mujeres que hombres y crece el número de adolescentes y jóvenes que piden ayuda protegidos por el anonimato Maltrato, enfermedad, duelo, depresión o ansiedad ocupan a los noventa voluntarios
16.05.08 -

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Sólo 6 de cada cien llamadas recibidas en el Teléfono de la Esperanza son de mayores
SABER ESCUCHAR. Magdalena Pérez, presidenta del Teléfono de la Esperanza, en la sede. / RAFAEL LAFUENTE
El Teléfono de la Esperanza (941 490 606) es algo más que una estadística burocrática de llamadas anónimas que buscan apoyo moral, una voz amiga que escuche a quien ha tocado fondo. Instaurado en España desde hace 35 años, su recorrido en La Rioja comenzó en 2004. El servicio, que cuenta con cerca de noventa voluntarios cualificados y con formación permanente actualizada, nació para atender telefónica o personalmente a ciudadanos en situación de crisis. El anonimato es su seña de identidad.
El servicio funciona los 365 días del año durante las 24 horas. Se han atendido más de 6.000 llamadas hasta el momento en La Rioja, dato que evidencia la relevancia de esta iniciativa social, aún desconocidas por muchos.
El lema de la campaña 2008 es 'Escuchando a los adolescentes', programa que rompe con el tópico de que el Teléfono de la Esperanza tiene como destinatario la persona mayor que vive sin compañía. La presidenta del servicio, Magdalena Pérez, ofreció un dato revelador: sólo seis de cada cien llamadas recibidas corresponden a mayores.
Llamadas adolescentes
«El mayor número de personas que llaman tienen entre 35 y 55 años, lo que supone casi el 60% de las llamadas», destaca Pérez, que detalla que también «tenemos llamadas de adolescentes y jóvenes». Acceden al teléfono más mujeres que hombres, si bien sigue aumentando el porcentaje de varones que usan el servicio.
«Casi todas las personas llaman porque necesitan sentirse escuchados y la demanda que hacen suele ser muy clara y muy directa», explica la responsable del servicio. Es muy frecuente oír: 'yo necesito que alguien me escuche sobre esto que me está pasando'.
Temas recurrentes que son atendidos son la soledad y la ayuda a personas que se sienten solas, con independencia de que estén o no con otras personas. Y no faltan casos de dificultades sociales permanentes con los demás y, de forma notable, los problemas en las relaciones en en entorno más íntimo. «Suelen deberse a dificultades de pareja o de familia», puntualiza la coordinadora del servicio.
El maltrato, las enfermedades físicas, la pérdida de seres queridos -la ayuda en el duelo-, las adicciones o los trastornos psicológicos diagnosticados o definidos (ansiedad o depresión) ocupan buena parte del trabajo cotidiano de los voluntarios.
La presidenta del Teléfono de la Esperanza recuerda que «se trata de un recurso que no nos pilla lejos a ninguno; no llama gente en situaciones extremas, marginales. Nosotros no damos soluciones a nadie. El plantamiento es que vamos a hacer una escucha con una finalidad: que cada uno encuentre la fórmula de resolverse sus problemas», aclara Magdalena Pérez.
Algunos, los menos, acuden directamente a la sede de Duquesa de la Victoria, pero en general el primer contacto es telefónico. En casos especiales en los que parece que no hace mella la comunicación anónima, el voluntario trata de derivar a su interlocutor a una cita con un profesional, que puede ser un psicólogo, un trabajador social, un abogado, un psiquiatra o un orientador familiar. Generalmente se acepta el consejo profesional.
Formación
Un voluntario, antes de atender el teléfono, debe realizar un curso de año y medio de formación continuada.
«El centro está promoviendo al área de la salud emocional, es la posibilidad de manejar uno mismo las emociones desde un punto de vista racional, no desde el emocional, que hace con uno lo que ella quiere», opinó María José Madorrán, directora del Ateneo, institución que trabajará en la sombra para que se divulgue este servicio regularmente sabido.
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