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TAU Cerámica

TAU CERÁMICA
El TAU pone los cimientos
El Baskonia encauza su serie con el Pamesa en un duelo en el que siempre fue superior

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El TAU pone los cimientos
A MÁS. James Singleton, más entonado que en anteriores choques, forcejea con Albert Miralles. / FOTOS: BLANCA CASTILLO
Los cimientos están colocados. El cemento, aún fresco pero con pinta de aguantar algo más que una tormenta veraniega. Las vigas ya se elevan hacia el cielo, aunque falta por construir un piso más. Anoche, al amparo del Buesa Arena, el TAU Cerámica ejerció de cabeza de serie. Explosivo de inicio, sorprendido después, solvente en el clímax y algo rezongón durante la firma del finiquito. De esta manera encarriló su serie con el Pamesa Valencia. Firme la base, resta la guinda. ¿Mañana mismo en la 'Fonteta'? Ojalá. Lo agradecerán las piernas y la cabeza del maratoniano azulgrana, que ya ha perdido la cuenta de las batallas libradas a lo largo de este proceloso curso.
Ambos equipos sabían que en este cruce sin puntos y aparte, en el que el texto debe leerse de corrido y sin pausas ni para respirar, arrancar con el pie derecho estabilizaría el ritmo cardiaco. Daría alas. Al vencedor, por supuesto. Con el definitivo 87-79, el Baskonia se quitó una losa de encima. Traspasando el marrón al oponente naranja, que se queda en cueros. Veremos cómo soporta los pinchazos de quedarse a la intemperie y sin techo.
Arriba, abajo, arriba
A pesar de los vaivenes experimentados a lo largo de la velada -arriba, abajo, arriba- otro veredicto ajeno al triunfo alavés hubiera resultado de lo más injusto. El Baskonia, pese a que su baloncesto fluyó a borbotones, mereció el 'uno'. El otras veces remolón, sí saltó con una idea clara de las coordenadas a seguir. Incluso cuando se le bloqueó el 'gps' conservó la templanza necesaria para reiniciar el sistema y enchufarse a la red como si nada hubiera interferido en su proceder. Todo lo contrario que su adversario, quien al verse contra la lona afeó toda la faena anterior, jugando a la ruleta del triple y perdiendo hasta los pantalones. ¿Les suena?
Claro que el triunfo no se obtuvo a través de una avenida recta y libre de retenciones, aunque el grupo adiestrado por Spahija sí atinó con los tiempos y los modos. Buena señal a pesar de las interferencias. Ante todo, un golpe psicológico. Y más con el tijeretazo que le ha pegado la ACB a los cuartos de final. También sucederá lo mismo en las semifinales, se supone que con el Baskonia todavía dentro del encuadre.
Además, remó lo suficiente al unísono el expedicionario vitoriano. Obviando la baja del lesionado Planinic, quien no perdió detalle desde las sillas de pista, y agradeciendo a Rakocevic el esfuerzo de vestirse de corto y partirse la cara como uno más.
Con un quinteto inicial de lo más atípico -coincidieron por primera vez en cancha los 'treses' Mickeal y Jasaitis-, el inquilino del Buesa Arena marcó territorio desde el balón al aire. Espumoso, centrado y tenaz, empequeñeció al quinto clasificado de la fase regular. El empuje venía de la Llanada. Las ganas y el acierto, también. Cinco triples sumó el TAU mientras dejó afónicos al dúo Williams-Douglas en esos diez minutos de entremeses (25-15). Primera piedra hacia el 1-0.
Regalos
La empresa, sin embargo, tampoco iba a resultar un camino de rosas. Coincidiendo con el lógico descanso a Prigioni -el único base puro-, comenzó una peligrosa donación de balones. El Pamesa se recomponía. La vuelta a escena del director de Río Tercero frenó la sangría, sintetizada en un peligrosísimo parcial de 5-11. 30 iguales a falta de cinco minutos para el descanso. De esta manera, entre mohínes, se alcanzó el ecuador.
El bocata sentó mejor a los locales. Fueron los primeros en descifrar los siguientes dígitos de la caja de caudales, donde se guardaba el primer billete de esta eliminatoria. Un par de triples de Teletovic, el sempiterno empuje de Mickeal, la batuta de Prigioni y el trabajo sordo del resto obraron la siguiente escapada (59-50, minuto 30). Chispeaba la olla de Zurbano. A todo tren cuando el anfitrión elevó el listón hasta los diecinueve puntos. Ese 79-60 con siete minutos por disputarse suavizó el rostro baskonista. El cruce quedaba encarrilado. Aunque, fiel a su inestabilidad de toda la temporada, el corredor azulgrana hizo sufrir.
Complacido por la visión, se olvidó de pedalear. Por detrás, el Pamesa, abonado a una ensalada de lanzamientos triples casi pescó en río revuelto. Menos mal que el equipo vitoriano siempre recuperó las constantes vitales en los instantes en que peligró la distancia de protección. Queda ratificarlo. Mañana o el martes.
d.gonzalez@diario-elcorreo.com
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