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Salvar la piel
El órgano más extenso y desconocido del cuerpo necesita cuidados específicos y, sobre todo, evitar el abuso del sol
17.05.08 -

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«La gente se preocupa muchísimo de su piel , pero que la cuide bien es discutible». La sentencia es de Ramón Grimalt, dermatólogo del Hospital Clínico de Barcelona, que como tantos colegas ha vivido el cambio gradual de los problemas que los pacientes llevan a sus consultas. «Hace 50 años, el dermatólogo visitaba sífilis y lepra, enfermedades muy severas, para entendernos»; ahora, más de la mitad de las consultas son estéticas, «alopecias y sutilezas, esta manchita, esta arruga, este granito».
«La gente es mucho más exigente con su imagen y la piel es nuestra carta de presentación», explica el doctor. La epidermis es el órgano más extenso del cuerpo humano, lo envuelve por completo y, pese a ello, quizá sea uno de los más desconocidos. ¿O es un mito?
Los especialistas admiten que sobre su área de trabajo pesan demasiados lugares comunes, y para desfacer tópicos nada como la divulgación. Con ese ánimo, Ramón y Francesc Grimalt, hijo y padre, dermatólogos ambos, han escrito 'Salvemos la piel' (Ediciones CEAC), donde abundan sobre las interacciones entre el estado de ánimo, la psique, y la piel. Es el campo de la psicodermatología, una especialidad relevante, dicen, porque «en el 60% de las consultas dermatológicas que recibimos hay algún tipo de alteración en el estado de ánimo de la persona».
La piel somatiza como ningún otro órgano, salvo el aparato digestivo, los desajustes emocionales, los disgustos, el estrés. «A poco que uno tenga una piel sensible es muy fácil que por ahí afloren los problemas en forma de una urticaria, un eccema, un brote de psoriasis, una neurodermitis...», ilustra Grimalt.
Un 30% de la población mundial es 'atópica'. Ha nacido con propensión natural a manifestar en períodos de su vida alteraciones alérgicas, dermatitis, eccemas, sequedad extrema, picores, vulnerabilidad a las infecciones dérmicas y un amplio abanico de afecciones, en general leves. Es una condición genética que se manifiesta en brotes, desencadenados por factores ambientales, emocionales o inmunológicos, entre otros, como el actual estilo de vida.
Cómo ducharse
La piel también se estresa y su agobio se manifiesta en «patologías psicosomáticas y físicas, entre las que figuran nuevos agentes externos, químicos, cambios en la composición del agua, y los hábitos de la gente». «Antes nos bañaban una vez a la semana y ahora no hay niño que no reciba seis o siete duchas semanales», recuerda.
Ducharse no es un pecado, pero sí perjudica el uso inadecuado del jabón porque hace más frágil la piel . «Es un error en la ducha diaria enjabonarse las zonas donde la grasa no se acumula, piernas y brazos, por ejemplo», insiste Grimalt. «Se debe reservar el jabón para zonas concretas del cuerpo, genitales, nalgas, pies, cabeza, axilas...», que acumulan grasa, sudor y mugre, en suma.
Es parte del maltrato voluntario que infligimos a nuestro pellejo. El del jabón al menos es barato, pero hay otras agresiones en las que la gente se deja fortunas. Los Grimalt cargan contra la industria cosmética. No sólo porque, según dicen, engañan al prometer una piel o una silueta de fábula que no conceden, sino por los perjuicios que causan. «Vemos más problemas por el uso excesivo de productos para el cuidado de la piel que por falta de ellos», denuncia. Chicas con pieles acneicas empeoradas por el uso de cremas excesivas, o cuarentones con epidermis sensibles que buscan fórmulas antiaenvejecimiento.
Y luego está el sol, el enemigo público número uno, el único factor controlable para impedir el melanoma. «Una persona de 80 años puede tener manchas y arrugas en todo el cuerpo, pero en las nalgas ni rastro, porque llevan toda la vida ocultas. Si uno quiere invertir en estética y salud, lo mejor es esconderse del sol».
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