No fue corrida espectacular ni propicia. Tomaba antigüedad la ganadería, San Pelayo, tercero de los hierros de la familia Capea. Encaste Murube, como los demás hierros de la casa. El cuarto fue el más en el tipo clásico. Noble, pero le costó remontar: quería irse discretamente de engaños y reclamos. En banderillas lo toreó con temple y calidad Joao Moura. Como era toro distraído, costaba embrocarse con él.
A lomos del tordo 'Castelo', cuatro embroques de muy alto nivel. El cuarto, reunido en el mismo platillo, sobresaliente. A toro apagado, Moura tuvo que meterse en su terreno. Para clavar cortas y matar. Lo hizo con un caballo de subyugante belleza, el bayo 'Girasol'. Una estocada atravesada y cinco descabellos, y por eso se quedó sin reconocimiento faena tan distinguida.
El toro con que debutó en Madrid el hierro no perdió nunca la idea de saltar la barrera. Fatigoso de lidiar. No perdió los estribos ni la paciencia el señor Joao Moura padre. Un pinchazo, una estocada, un descabello. A los dos toros de su lote Moura los cambió de tercio con sólo un rejón de castigo. Tanto Pablo Hermoso como Andy Cartagena apuraron el cupo de dos. Antes o después, esos otros cuatro toros se acabaron parando, apagando o viniendo abajo. A su primero, de indefinida querencia pero muy distraído, Pablo lo mató en los medios, detalle carísimo que no se tuvo en cuenta. El quinto, sólo a regañadientes se medio empleaba. Regalo sorpresa fue ver a Hermoso alardear sobre el tordo 'Nativo'. Dos espléndidas corbetas en el platillo de la plaza y a un par de palmos de la cara del toro. Una impecable estocada por el hoyo de las agujas. Una oreja.
Cartagena tenía ganada y bien ganada una oreja del tercero, el único toro de la corrida que se vino arriba en banderillas, pero una estocada caída provocó vómito horrendo y se arruinó la fiesta. El cotarro se alborotó del todo durante la lidia y muerte del sexto, que galopó y tuvo más fijeza y entrega que los otros cinco. Andy lleva en la cuadra un seductor caballo tordo vinoso llamado 'Pericalvo', que se queda con la gente: se balancea mientras piafa en el mismo sitio como si contoneara retorciendo los remos. Un aire muy heterodoxo. Se puso incandescente el ambiente. Una farpa en todo lo alto, desplantes, descolgadas de Andy. Y, luego, las cortas al violín sobre el infalible 'Carioca'. Y una estocada sin puntilla. Dos orejas.