Los próximos días 22 y 23 de mayo el sindicato LAB, la tercera fuerza sindical con un 17% de representación en la comunidad autónoma vasca, celebra su séptimo congreso, en el que Rafa Díez Usabiaga dará el relevo a Ainhoa Etxaide. Tras dieciséis años de liderazgo, Usabiaga deja a su central bien colocada en afiliación y delegados, pero en medio de un panorama sindical dividido, en el que, señala, tiene más coincidencias con ELA que con CC OO y UGT. En la despedida, el grueso de sus críticas las dirige al Gobierno vasco, a quien reprocha que considere a los sindicatos como «un estorbo».
-Lleva más de 25 años en la ejecutiva de LAB. ¿Qué momentos han sido los más importantes?
-Primero destacaría los prolegómenos del segundo congreso, en 1980, cuando un sector abandonó el sindicato y se integró en ELA. Entonces hubo que partir de cero y fue un momento muy delicado. Después resaltaría el tercer congreso, en 1992, en el que tras una fase de consolidación se abordó una posición ofensiva para incidir en el escenario sindical, con unidad de acción con CC OO y ELA para abordar la reindustrialización. LAB pasó entonces a ser una pata más del tablero sindical vasco. En esa época, se replantea la política de alianzas de los últimos años y se genera un debate sobre el modelo sindical, social y político que es el terremoto más importante del sindicalismo vasco de la década.
-Hace unos años todos los sindicatos que no tenían caja de resistencia, incluido LAB, se plantearon crear instrumentos de este tipo para hacer frente a la 'competencia' de ELA. ¿En qué fase se encuentra ese proyecto?
-El sindicato ha abierto un proceso de reflexión que se encauzará a partir de este séptimo congreso. Se trata de un debate profundo, ya que marcamos mucha distancia con los modelos clásicos, que se convierten en muchas ocasiones en meros instrumentos de afiliación. Creemos que hay que ir a un modelo de borroka kutxa, caja para luchar, y que tiene que servir para determinados tipos de conflicto. No queremos apuestas que puedan dividir a los trabajadores y creemos que los modelos actuales van en esa orientación.
Respuesta social
-¿La desunión sindical es una lacra para el movimiento obrero? ¿No teme que los trabajadores piensen que las centrales sólo son capaces de unirse cuando se trata de defender sus intereses corporativos, como ha ocurrido en el caso del Tribunal Vasco de la Competencia?
-La unidad es un valor importante, pero no un fetiche ni un fin en sí misma. La división actual es un elemento negativo y queremos trabajar en la empresa y los sectores para acumular fuerzas, ante una situación en la que los empresarios están muy cómodos. Si la barricada empresarial es unitaria y con criterios irracionales, es evidente que los sindicatos tienen que hacer una reflexión sobre cómo desarrollar el músculo de respuesta social.
-¿Eso es más fácil hacerlo con ELA o con CC OO y UGT?
-Cuando en LAB hablamos de unidad queremos huir de elementos cortoplacistas y coyunturales. En la intervención 'micro' y de sector podemos coincidir con una u otra organización, pero es evidente que es importante que más allá de ese ámbito haya una coincidencia y colaboración para responder a las políticas globales de la patronal pública y privada. Y, dado que estamos en Euskal Herria, tenemos que responder a otros elementos estructurales, y ahí tenemos más elementos de confluencia con ELA que con otras centrales refractarias a los planteamientos de LAB, como sindicato abertzale y de clase. En cualquier caso, está claro que debemos entrar en una fase ofensiva en defensa de los derechos de los trabajadores.
-Tras más de una década de bonanza económica en la que los sindicatos no pudieron cumplir un objetivo tan prioritario como las 35 horas, ¿cree que podrán avanzar en tiempos de crisis en otro tan importante como la estabilidad laboral?
-Yo no diría en absoluto que la reivindicación de las 35 horas y el salario social fueron un fracaso. Se logró la implantación en la Administración pública, que muchas empresas tengan hoy esa jornada semanal e importantes reducciones de la jornada. Pero tras esa ofensiva, tras una huelga general y la salida de Confebask de la mesa por el empleo, el movimiento sindical se quedó parado. Hemos trabajado en reivindicaciones en la empresa, pero hemos dejado de tener propuestas globales en empleo, precariedad, salud laboral... que interpelen a la patronal pública y privada. Reconociendo que ha habido un retroceso, apostamos por abrir una etapa en que el sindicalismo tenga oferta, que sea un banderín de enganche en la empresa y el sector, en la calidad del empleo y en las políticas salariales. De lo contrario, dará la impresión de que hay una atomización reivindicativa que, unida a la división sindical, produce una dispersión de fuerzas enorme.
Gobierno restrictivo
-¿Cree que, como denuncia ELA, hay una campaña del Gobierno vasco contra las centrales sindicales?
-El Gobierno de Ibarretxe desarrolla una política neoliberal, que vemos en sus medidas fiscales y sociales. Esos principios se reflejan en precariedad, privatización, subcontratación..., tanto en la Administración pública como en la negociación colectiva. Estamos, por tanto, ante un Gobierno que, habiendo tenido márgenes para hacer otras políticas, ha apostado por un planteamiento muy restrictivo y negativo. Es un actuación similar a la de un consejo de administración de una empresa privada.
-¿Está LAB decidida a abandonar el Consejo Económico y Social vasco (CES) y otras organizaciones sociolaborales?
-Hemos decidido salir de la comisión permanente del CES porque Confebask bloqueó la celebración de unas jornadas sobre un tema de tanta dimensión económica y medioambiental como es el Tren de Alta Velocidad. Si el CES no es capaz de promover unas jornadas de mera reflexión y debate con especialistas en la materia, la pregunta es: '¿qué hacemos ahí?'. Adoptamos por ello una posición de protesta y estamos valorando lo que haremos en el futuro. Tras el congreso, decidiremos, tanto individualmente como con ELA, lo que haremos.
-En cualquier caso caso, la situación es cada vez más complicada...
-Es evidente que hay una crisis estructural de todos los espacios sociolaborales. El CRL está en una agonía permanente desde el año 2000. Y en Hobetuz, el Gobierno ha sido incapaz de defender el acuerdo firmado en su día, por lo que lo ha liquidado. El Ejecutivo vasco no tiene interés en que los sindicatos participen en cuestiones de fondo -mesa industrial, política social, de inversiones o fiscal-, y lo mismo pasa con las diputaciones, un coto cerrado donde no tenemos cabida. No sólo está agotado el marco político, sino también el modelo neoliberal de este Gobierno, que entiende que el sindicalismo es un estorbo. Y hay una apuesta en esa línea, un ninguneo permanente hacia el movimiento sindical.
-¿Una hipotética salida del CES, en qué medida comprometería la continuidad de su presidente, que fue designado por su central con el apoyo de ELA?
-Tendría mucha incidencia. Son conocidas sus reflexiones sobre la funcionalidad del organismo y la salida de LAB tendría un efecto inducido.
-¿No teme que pueda darse la imagen de que fue puesto ahí para acabar con el Consejo?
-Antxon Lafont ha hecho muchos esfuerzos por un CES de otra dimensión y naturaleza. Otra cosa es que la posición empresarial y la funcionalidad que tiene lo estén llevando a un callejón sin salida.