-LAB es una de la pocas organizaciones de la izquierda abertzale en la legalidad. ¿Ha temido en los últimos años ser ilegalizada?
-Vivimos en una Euskal Herria donde todo lo que son derechos civiles y políticos se está conculcando. Es el único espacio europeo donde se da esta situación. El Gobierno del Estado ha criminalizado a estructuras periodísticas, culturales... y LAB se ha sentido posible objetivo de esa actuación. Pero más allá de elucubraciones, lo que hay que hacer es trabajar por un futuro con cimientos democráticos que permitan a la sociedad vasca libre y democráticamente decidir su futuro, sin condicionamientos y, por supuesto, con la desaparición de todo tipo de violencias.
-¿En qué medida es posible dar pasos a corto plazo en esa dirección tras los atentados de ETA en Legutiano y Mondragón?
-La situación es grave. Tenemos el atentado de Legutiano, encarcelamientos masivos y el arbitrario de una alcaldesa; y tenemos casi 750 presos y un mapa de ilegalizaciones. La sociedad vasca está exigiendo ya superar esta fase. No se la puede condenar al conflicto y la confrontación permanente. Siendo conscientes de que las terapias actuales, y hablo en general, sólo sirven para mantener un ciclo de confrontación y sufrimiento, la clase política no puede permanecer como mera espectadora de un escenario trágico. LAB ha hecho y seguirá haciendo esfuerzos para que el diálogo y la negociación y el acuerdo se sitúen de forma irreversible en la senda de un marco democrático.
Oportunidad perdida
-Y sin embargo ese camino parecía iniciado en Loyola. ¿Le merece alguna reflexión la decepción mostrada por círculos nacionalistas sobre el hecho de que la izquierda abertzale no haya sido capaz de rechazar el retorno a la violencia de ETA?
-Yo creo que todos hemos perdido una oportunidad. No se puede hablar de responsabilidades unilaterales. En mi opinión, el PSOE ha tenido vértigo al abordar una solución definitiva del conflicto. Eso no quiere decir que todo lo que se ha hecho no sea importante. Loyola es importante y contiene los mimbres que pueden servir para hacer el cesto de un acuerdo político en este país.
- ¿Qué viabilidad otorga a la propuesta que Ibarretxe presentará el martes a Zapatero?
-Tiene que ver más con las necesidades, intereses y situación interna de un partido que con los de la sociedad vasca. Se está planteando la cuestión de fondo, la solución política, como un arma arrojadiza por parte no sólo del PNV sino también del PSOE. Estamos ante un conflicto de Estado que necesita una solución de Estado y el PSOE tiene margen político para abordarlo.
-¿Pero no resulta eso muy complicado cuando ETA está matando a sus militantes o a miembros de las Fuerzas Seguridad?
-Evidentemente la situación es grave y crea elementos de contradicción. Lo mismo se puede plantear con toda la interlocución de la izquierda abertzale encarcelada, con organizaciones ilegalizadas... Tenemos que salir de una realidad que es grave para trabajar en los cimientos de un nuevo ciclo político. El estar permanentemente en el reproche de situaciones que afectan a la conculcación de derechos en unos y en otros no nos hace avanzar.
-Usted está equiparando, entonces, el derecho a la vida de unas personas con el derecho a la libertad de los dirigentes de la izquierda abertzale...
-No es un problema exclusivo. El derecho a la vida es muy importante. Todos los derechos hay que situarlos en un parámetro de solución al conflicto y eso es lo que buscamos desde LAB.
Propuesta 'clandestina'
-¿La izquierda abertzale podría aprobar la propuesta de Ibarretxe en según qué condiciones?
-El lehendakari ha desarrollado su planteamiento en semiclandestinidad y tendremos que conocer lo que quiere hacer para tener una opinión. Yo soy bastante escéptico en que haya una hoja de ruta tasada y bien anclada.
-¿Es posible que pueda realizar la consulta aunque se la prohíban?
-El PNV está más en cómo regenerar un acuerdo con el Partido Socialista que en abordar un pulso con el Estado y no lo veo en disposición de plantear la defensa del derecho a decidir en términos de pulso político real. Además, ha tenido una oportunidad en el proceso de negociación, pero Imaz y su equipo, en lugar de ser un sujeto activo en la defensa de esos objetivos, se convirtieron en meros compañeros de viaje del PSOE.