Todos los medios de comunicación coincidieron ayer en que la batalla electoral entre republicanos y demócratas comenzó de hecho el viernes, cuando unos y otros cerraron filas para reaccionar sobre los ataques contra Obama que lanzó la víspera George W. Bush desde Israel.
El presidente había roto con la tradición del buen gusto al utilizar un viaje al extranjero para hacer política doméstica. Al comparar las propuestas de diálogo que ofrecen demócratas como Barack Obama y Jimmy Carter con «recompensar a Hitler (Ahmadineyad)» estaba abriendo la caja de Pandora.
Obama, que en las primarias ha evitado las confrontaciones, recogió el guante con presteza y lo utilizó para golpear a su 'nuevo' rival, el candidato republicano John McCain. Detrás de él saltaron todos los líderes demócratas que hasta ahora no habían dilucidado sus lealtades, como la portavoz del Congreso, Nacy Pelosi, o el líder del Senado, Harry Reid. Hasta Hillary Clinton aparcó su puga personal y defendió a Obama públicamente.
En el lado de enfrente, el estratega político de Bush, Karl Rove; el ex candidado Mitt Romney, al que se apunta como pareja de McCain en las papeletas, y hasta el ex candidato Mike Huckabee llamaron a la batalla. El escenario de fondo parecía idílico para este grupo de duros que suscriben la llamada 'diplomacia de cowboy' que ha impuesto Bush en el mundo: la asamblea de la Asociación Nacional del Rifle. Con todo, este primer duelo lo perdieron.
La prensa no tardó en sacar a relucir declaraciones de ministros de Bush que también han contemplado el diálogo con Hamás o Irán, como han hecho Obama y Carter. Los archivos de televisión también recuperaron una entrevista en la que McCain advertía de que con Hamás al frente del Gobierno palestino «tarde o temprano habrá que dialogar». Y para colmo Huckabee de deslizó con una broma de mal gusto sobre Obama por la que luego tuvo que pedir perdón.