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Política

RAMÓN JÁUREGUI, SECRETARIO GENERAL DEL GRUPO SOCIALISTA
«Ibarretxe interpreta una obra que puede titularse 'cómo hacerse la víctima'»
El dirigente socialista dice que el lehendakari piensa que tiene «una pócima milagrosa que lo resuelve todo» y le acusa de «desleal» por usar Loyola como «arma arrojadiza»
18.05.08 -

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«Ibarretxe interpreta una obra que puede titularse 'cómo hacerse la víctima'»
DIRECTO. El secretario general del Grupo Socialista en el Congreso, en su despacho de Vitoria. / IOSU ONANDIA
El nuevo secretario general del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados, Ramón Jáuregui, se muestra muy crítico con Juan José Ibarretxe a dos días de que el lehendakari visite La Moncloa para entrevistarse con José Luis Rodríguez Zapatero. El dirigente del PSE considera que el jefe del Ejecutivo autónomo apuesta por la acumulación de fuerzas nacionalistas y presenta una propuesta que «la propia ETA rechaza» como un «señuelo» para lograr la paz.
-¿Qué le pareció el discurso de Ibarretxe tras el atentado del pasado miércoles contra la casa cuartel de Legutiano?
-Erróneo, como todo lo que viene haciendo últimamente. Nadie entiende que su apelación sea al diálogo con ETA, buscando un espacio de negociación imposible con quienes sólo pretenden imponer sus pretensiones a golpe de asesinato. El lehendakari ha hecho una reflexión sobre el diálogo que es extemporánea e inoportuna. Creo que persiste en un error, que es pensar que en la gestión de su propuesta radica la solución del conflicto. Cree que tiene una pócima milagrosa para resolverlo todo, la violencia y el viejo conflicto vasco, y creo que se equivoca profundamente. No trae la paz, es mentira, porque la primera que desprecia sus propuestas es ETA. Y, además, ocasiona división al país. El lehendakari no está deslegitimando la violencia, esa es la gran acusación que le hago. Los terroristas interpretan su política para perpetuar su propia lucha.
-¿Se está volviendo a crispar demasiado la política vasca?
-Lo que se observa claramente es que durante el llamado proceso de paz hubo mucha unidad en Euskadi y una fractura grave con el PP en el resto de España. Ahora es más fácil el entendimiento en la llamada política represiva, mientras que algunos partidos nacionalistas no son capaces de comprender que el no permitir el espacio político a la violencia es una decisión necesaria.
-¿En qué medida puede influir el asesinato, el pasado miércoles, del guardia civil Juan Manuel Piñuel en la reunión que mantendrán el martes Zapatero e Ibarretxe?
-Debiera de influir para que el lehendakari le ofreciera al presidente una actitud de combate a ETA, de deslegitimación de la violencia y de colaboración leal para el final del terrorismo. Esa es la principal razón de esta reunión, y no porque haya ocurrido este atentado. Hay un problema principal, y no es la ensoñación nacionalista ni el conflicto vasco interpretado a la manera nacionalista; son los ciudadanos, sus derechos y libertades, y la convivencia. Esa debiera ser la primera materia que tendría que llevar el lehendakari a la mesa.
-¿Puede servir para algo este encuentro?
-Lo primero que hay que decir es que no es serio plantear esta reunión anunciando plataformas reivindicativas a través de los periódicos, elevando a los medios la carta a los Reyes Magos que el lehendakari le va a presentar al presidente del Gobierno. Eso no se ha visto en ninguna parte. Es muy poco presentable.
-Da la impresión de que va a quedarse en un mero encuentro protocolario.
-El lehendakari ha planificado esta reunión con la perspectiva de una escenificación. Es verdad que dicen que la política es un gran teatro en tiempo real, pero nunca como en esta ocasión. La obra podía titularse: 'Cómo colocarse de víctima'. Y eso es lo que el lehendakari está haciendo desde el primer día. Incluso con la esotérica reivindicación de que Zapatero visitase Ajuria Enea el día que iba a un acto del Partido Socialista. Todo está preparado para ubicar al lehendakari en la maldita equidistancia entre ETA y el Gobierno español.
-¿Qué tiene de malo la propuesta presentada por Ibarretxe?
-Mucho más que la discusión sobre su legalidad, hay varias líneas argumentales contra esta propuesta. La primera, que responde a un proyecto nacionalista extremo que certifica el abandono del Estatuto y la apuesta por la autodeterminación. Es la plasmación por parte del lehendakari de todos los vascos de la ensoñación nacionalista de la vieja Euskal Herria. La segunda es que no está consensuada con los vascos: es una imposición del proyecto nacionalista a la comunidad no nacionalista. Es lo contrario del 'no imponer no impedir' de Josu Jon Imaz.
Señuelo
-¿Y cómo método para lograr el fin de la violencia?
-Eso es lo peor, que se presente como una fórmula de paz cuando es falso, más bien lo contrario. El lehendakari tiene que ser consciente de que si su propuesta no prospera está entrando en un peligrosísimo terreno que puede ser utilizado por los terroristas. Y, además, creo que la consulta se halla viciada por el señuelo de una falsa paz y pretende confundir sentimientos identitarios.
-Pero muchos de los puntos de la iniciativa de Ibarretxe estuvieron cerca de ser aceptados por ustedes en las conversaciones mantenidas en Loyola en otoño de 2006.
-Niego la mayor. Lo único que puedo decir es que en Loyola hubo papeles que no comprometieron y que pudieron ser objeto de conversaciones en un contexto determinado que implicaba el fin de la violencia y la incorporación de la izquierda abertzale a la política a través de un proceso de conversaciones entre los partidos. Pero utilizarlo fuera de ese contexto, cuando ETA rompe la tregua y vuelve a la violencia, sin ningún acuerdo previo entre los partidos y como arma arrojadiza, demuestra muy mala fe, una profunda deslealtad y una nula voluntad de resolver y acordar nada.
-Ibarretxe les acusa de no querer hablar con él lo que sí trataron con ETA y Batasuna.
-Lo que tenemos que hablar con Ibarretxe es de cómo terminamos con ETA, de la manera en cómo se construye la realidad vasca. El lehendakari ha fracasado en su principal misión, que es construir país, vertebrar la pluralidad, avanzar y progresar en acuerdos, no tenernos como nos ha tenido en estos ocho años pendientes de pócimas milagrosas que no son más que ocurrencias.
-También les reprocha que ese acuerdo entre vascos que ustedes defienden serviría para poco ya que después sufriría el «cepillado» de la Administración central.
-Es que forma parte de la lógica que lo que se pacte en Euskadi pase el tamiz del interés general.
-¿Cuál va a ser la contraoferta que le presente Zapatero a Ibarretxe?
-El presidente del Gobierno va a responder a sus papeles con una generosa oferta de entendimiento para luchar contra ETA y acabar con la violencia, para desarrollar el autogobierno, para favorecer el pacto entre vascos y para desarrollar los aspectos económicos, tecnológicos y de infraestructuras del país. Frente a la aventura, un pacto de progreso.
-Pero más allá de esta declaración de intenciones, ¿esa oferta se va a transformar en algo concreto?
-Habrá un interés por repasar las cosas que están pendientes. Hay media docena de obras que el país necesita, la 'Y' la primera, pero también la renovación de los puertos, como el de Pasaje. Hay que abordar un gran plan de desarrollo tecnológico y de apoyo a la inversión en I+D+I. También la cuestión del Concierto Económico. El presidente seguro que le va a recomendar que favorezca las conversaciones necesarias para una reforma estatutaria, que es un camino con muchas potencialidades.
-No parece que esta contrapropuesta satisfaga las ambiciones del lehendakari. ¿Qué escenario se abre para los próximos meses?
-Da la impresión de que el PNV ha aceptado unir su destino al futuro de Ibarretxe, que ha impuesto la estrategia y la agenda política de su partido. Comprendo que el PNV, afectado por el síndrome del 85, ha preferido aceptar incluso la posibilidad de la derrota a cambio de mantener la unidad.
-¿Habrá elecciones en octubre?
-No me corresponde decirlo a mí, pero las cosas no pueden seguir así. Cada vez veo más necesario que se produzca una catarsis electoral en el País Vasco. Tendremos que decidir un nuevo rumbo a la política vasca porque llevamos ocho años muy malos.
-¿Y consulta?
-Es una reiteración teatral por parte de Ibarretxe para colocarse en la maldita equidistancia, acusando a ETA de una violencia que estorba y al Gobierno central de no dejarle llevar adelante su plan. Pero pienso que todo es teatro de aquí a las elecciones.
-¿No temen que ese 'victimismo' del que hablan ustedes cale en la sociedad?
-No, creemos que se equivoca como lo hizo en 2005. Su tren no va a chocar con el nuestro. Vamos a responder a su estrategia de victimización con mucha serenidad, trasladando la necesidad de cambio tranquilo. Tenemos que presentar un compromiso por el autogobierno, una voluntad de pacto para hacer país desde el reconocimiento de la pluralidad de sus ciudadanos.
Hablar con el PSE
-¿Ven posible que Ibarretxe acepte sentarse a dialogar primero con el PSE, como le piden Zapatero y los propios socialistas vascos?
-No, el lehendakari no quiere nada con los socialistas. Tras las elecciones, y si puede, Ibarretxe hará un cuatripartito con Aralar; pero si no saca 38 parlamentarios, será el PSE el que hará el Gobierno.
-¿Con quién?
-No lo sé. Liderando el Gobierno, no hay otra.
-Y si Ibarretxe acepta sentarse con el PSE, ¿qué pondrían ustedes encima de la mesa?
-Insisto: es un cálculo inviable, es que no quiere ni vernos.
-Pero siempre existe la posibilidad de que cambie de opinión.
-Pues le plantearíamos la manera de abordar las urgencias: cómo combatimos a ETA, arropamos a las personas perseguidas, cómo fortalecemos el Concierto, cómo desarrollamos el país... Es que tenemos un Gobierno que no sólo está enemistado con la oposición, sino que tiene gravísimos problemas internos.
-¿Realmente cree que López puede ser el próximo lehendakari?
-Cada día más. El PNV se lo está poniendo fácil.
-¿No puede verse perjudicada la estrategia del PSE por la necesidad que tiene Zapatero de los votos del PNV en Madrid?
-Mantenemos una estrecha y cordial relación con el grupo del PNV. Ahora bien, un escenario como el que se nos está abriendo no va a favorecer la obtención de pactos estables con el PNV, no es posible.
-¿Satisfecho con su puesto en el grupo parlamentario?
-Como suele decirse, en peores garitas hemos hecho guardia. Al final de la vida política, me sigo sintiendo útil y capaz.
-¿Aspiraba a ser ministro?
-Habíamos diseñado una estrategia en tal sentido para fortalecer el socialismo vasco por esa vía. Pero lo hemos hecho de otra manera: conmigo en el grupo, con Javier Rojo en el Senado, con Cristina Garmendia en un ministerio. Estuvo en las expectativas, pero tengo colmada mi ambición.
-Sin embargo, ¿todavía aspira a serlo?
-Probablemente, el arroz empieza a estar un poquitín pasado.
d.guadilla@diario-elcorreo.com
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