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Política

REUNIÓN EN LA MONCLOA
Zapatero e Ibarretxe, una entrevista para abrir la campaña electoral vasca
El presidente le ofrecerá unidad contra ETA, diálogo con el PSE y apoyo para el desarrollo económico El tripartito cambiará la fase de 'mano tendida' por la de confrontación política tras la reunión
18.05.08 -

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Zapatero e Ibarretxe, una entrevista para abrir la campaña electoral vasca
EBB. Iñigo Urkullu, junto a Balza, presentó ayer en el BEC las propuestas de futuro del PNV. / EFE
El Palacio de La Moncloa servirá pasado mañana de escenario al inicio oficioso de la precampaña electoral vasca. La consabida negativa con la que José Luis Rodríguez Zapatero despachará las pretensiones del lehendakari Ibarretxe de firmar un acuerdo bilateral sobre el estatus de Euskadi -que desemboque en la convocatoria conjunta de una consulta en un plazo de sólo cinco meses- permitirá al jefe del Ejecutivo vasco, al PNV y a los dos socios minoritarios del tripartito -EA y EB- aparcar el discurso del acuerdo y la mano tendida y dar paso al de la confrontación política con un partido que, argumentarán, se niega sistemáticamente a abrir la puerta al derecho a decidir de los vascos y ofrece profundizar en el Estatuto cuando aún quedan competencias sin transferir.
Un guión en clave ya netamente electoral, que tendrá su primera y más importante representación en el Pleno que se celebrará en poco más de un mes -el 27 de junio- en el Parlamento vasco, a expensas de la decisión que adopte la izquierda abertzale sobre el proyecto soberanista del jefe del Ejecutivo vasco.
Los ausentes
De hecho, las distintas fuentes consultadas en el PSOE y en el entorno de Ibarretxe coinciden en un punto: esta novena cita entre Ibarretxe y Zapatero no aportará en sí misma grandes novedades, más allá de la teatralización de un desacuerdo político que, en los próximos meses, se transformará en un 'cuerpo a cuerpo' electoral entre el PNV y el PSE.
Tras sus buenos resultados en las generales, el partido de Patxi López -proclamado ya candidato a lehendakari- se perfila como un rival correoso para los jeltzales, a quienes no les ha quedado más remedio que jugárselo todo a la carta de la 'hoja de ruta' y fiar su continuidad en Ajuria Enea a que el mensaje del «choque de locomotoras» o el «pulso» a Madrid -en palabras de Iñigo Urkullu o del líder peneuvista de Vizcaya, Andoni Ortuzar- cale en el electorado y funcione como lo hizo en 2001 ante el tándem Nicolás Redondo-Mayor Oreja.
Tanto el líder del EBB como el secretario general de los socialistas vascos se colocan, por lo tanto, como los protagonistas ausentes de la cita. El primero, porque el escenario que se abre tras la reunión determinará si su apuesta, no exenta de riesgo, por la unidad del partido en torno al lehendakari da sus frutos en las urnas. Y, sobre todo, porque tendrá que gestionar a partir de ahora un contexto en las relaciones PNV-PSOE distinto a la sintonía institucional y a la colaboración mutua que marcó la etapa de Josu Jon Imaz y que cristalizó en acuerdos como los presupuestarios. Los peneuvistas admiten que la relación con el PSOE ya no va a resultar tan «cómoda» y será Urkullu quien deba sobrellevar ese peso.
De hecho, Zapatero da prioridad absoluta a la carrera de López hacia la Lehendakaritza antes que a mantener la sociedad con los peneuvistas en Madrid. Los socialistas creen que lograr un pacto de estabilidad institucional con el partido de Urkullu no resulta tan «urgente» en una legislatura en la que creen posible alcanzar acuerdos de calado con el PP y en la que cuentan también con el posible respaldo de otras fuerzas nacionalistas con representación en el Congreso.
El presidente del Gobierno y su equipo consensúan además cada paso de su estrategia 'vasca' con la dirección socialista en Euskadi: de hecho, fue Zapatero uno de los primeros en telefonear a López para felicitarle por los resultados electorales y también se mantuvo en contacto con él durante sus vacaciones de Semana Santa en Doñana, mientras daba forma al futuro organigrama de su Ejecutivo.
Pactos de progreso
En las filas socialistas creen que poca voluntad «real y sincera» de entendimiento se puede esperar de un interlocutor que ha hecho pública en los medios de comunicación su oferta de pacto -una «ocurrencia» presentada como un «contrato de adhesión», según Zapatero-, basada casi literalmente en los frustrados preacuerdos que alcanzaron peneuvistas y socialistas con la izquierda abertzale en el santuario de Loyola en octubre de 2006, en el marco del fallido proceso de paz.
«No es serio acudir a una reunión con una carta por delante y él lo sabe», argumenta un cualificado dirigente del PSOE. El conejo que se ha sacado de la chistera el lehendakari apela, según la visión de los socialistas, al «victimismo» como arma electoral. «Ibarretxe pretende colocarse como Cristo entre los dos ladrones. Por un lado, una ETA que, en sus palabras, estorba por seguir con la violencia, y, por otro, un Gobierno central que se niega a admitir el derecho a decidir como la piedra filosofal que resuelve todos los males», resumen desde el PSOE.
Los socialistas consideran además que la utilización de los papeles de Loyola es un golpe bajo que atenta contra las normas no escritas de cualquier negociación sobre pacificación y juzgan peligroso el camino elegido por Ibarretxe, por lo que ETA podría encontrar en él de justificación para perpetuar su actividad terrorista.
También los nacionalistas y sus socios admiten en privado que la crónica del encuentro del martes es, más bien al contrario, la de «un desencuentro anunciado» y un «mero trámite» para dar paso al siguiente acto de la función, en el que, previsiblemente, Ibarretxe recurrirá, como ya hizo en 2005, al «portazo» de Madrid como banderín de enganche electoral.
Con estos antecedentes, el clima no es el más idóneo para una cita fructífera, aunque, según aseguran desde el PSOE, el jefe del Ejecutivo central echará mano una vez más de su proverbial talante para manifestar su «plena» disposición al diálogo, que los socialistas vascos dicen compartir. «Estamos dispuestos a sentarnos en una mesa siempre desde el respeto a las reglas del juego», dicen, en referencia a la posibilidad de explorar, siempre tras las elecciones, una posible reforma estatutaria.
En todo caso, lo que Zapatero ofrecerá pasado mañana al presidente vasco será un paquete genérico de lo que él denomina «pactos de progreso», centrados en tres ejes. Por un lado, unidad antiterrorista; por otro, acuerdos para ahondar en el autogobierno, pero siempre con Patxi López como interlocutor, y, en tercer lugar, una oferta de negociación y apoyo de los distintos ministerios de su Gabinete de cara, por ejemplo, a apuntalar determinados sectores productivos -como el de la construcción o la automoción- frente a la adversa coyuntura económica, respaldo a las grandes infraestructuras -la 'Y' vasca, sobre todo, pero también el puerto de Pasajes- y una «relación privilegiada» con la titular de Innovación y Ciencia, la donostiarra Cristina Garmendia, para impulsar los grandes centros tecnológicos.
Mientras tanto, la gran incógnita -que no despejará la cita de pasado mañana- es la fecha de los próximos comicios autonómicos. El cierre de filas del PNV en torno a la 'hoja de ruta' de Juan José Ibarretxe lleva aparejado, a su vez, el interés del partido -compartido por EA y EB- de que la cita con las urnas se retrase lo máximo posible.
Falta por comprobar si Ibarretxe se ciñe a la literalidad de lo prometido en sede parlamentaria en septiembre pasado -que convocaría elecciones «en otoño» si la Cámara no le autoriza a celebrar la consulta- o si trata de dilatar los plazos, como sospechan sus rivales políticos.
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