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Cada hogar vasco genera ya una tonelada de basura al año
Euskadi se da ocho años de plazo para dejar de llevar residuos a los vertederos, cuyo colapso comienza a ser un serio problema
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Cada hogar vasco genera ya una tonelada de basura al año
MONTAÑAS DE BASURA. Un camión deposita su contenido en el vertedero de Gardélegui, en Vitoria. / EDUARDO ARGOTE
No es ninguna exageración afirmar que la sociedad occidental vive rodeada de desperdicios. Se generan por toneladas cada minuto. «Crecen sin freno cada día», ha llegado a afirmar Greenpeace. Cada artículo que se adquiere viene rodeado de material desechable. Una simple galleta se suele presentar empaquetada en un envoltorio que, a su vez, está encerrado en otras dos o tres protecciones de plástico o cartón que el consumidor transporta en una bolsa que también tirará a la basura de forma casi inmediata. Se puede hacer la prueba al llegar a casa con la compra del súper. El volumen de plásticos y papeles generado al desempaquetar los productos es capaz de superar al de los propios artículos adquiridos. Algunos se reciclan. La mayoría, no.
El de las bolsas de plástico de la compra, un elemento fácilmente sustituible, es un buen ejemplo para situar el escenario de sobreabundancia de residuos en el que vive el mundo occidental. En España se distribuyen cada año cerca de 10.000 millones de unidades de bolsitas. Cada habitante recibe, por tanto, casi 230 a lo largo de los doce meses. Según algunas estadísticas, apenas un 10% acaba en los contenedores amarillos, porque en seis de cada diez hogares se utilizan como receptoras de la basura ordinaria y acaban por tanto en los vertederos. En países como Francia y en comunidades como Cataluña ya se estudia prohibirlas en los comercios o, al menos, gravar su consumo. En el País Vasco, donde la tasa de reciclaje es de las más altas de España, se han llevado a cabo experiencias piloto en localidades como Alonsotegi, donde se ha puesto de evidencia que es un problema de fácil solución si existe voluntad. «No hay más que rescatar del trastero el carrito de la compra o la bolsa del pan hecha de tela de nuestras madres y abuelas», apuntan grupos ecologistas y asociaciones de consumidores.
En un panorama así, no es de extrañar que la basura sea uno de los grandes retos de sociedades como la vasca, donde cada habitante genera ya por año 80 kilos más de residuos que hace una década, lo que significa un incremento 'per cápita' del 17%. Qué hacer con toda esta basura es ya uno de los retos angulares al que deben dar respuesta las políticas medioambientales de todos los gobiernos. La magnitud del problema en Euskadi se ha puesto de manifiesto estos días con el proyecto de 'trasvase' de desperdicios desde Guipúzcoa a Vizcaya, el plan pactado entre ambas administraciones forales -todavía a expensas de ratificación política- que prevé que este último territorio se haga cargo durante los próximos cinco años de 100.000 toneladas de basuras generadas por los guipuzcoanos que, literalmente, no caben ya en los colmatados vertederos de esta provincia. «Es nuestra aportación solidaria al medio ambiente vasco», ha explicado el diputado general de Vizcaya, José Luis Bilbao. «Habría sido fácil poner una excusa para rechazarlos -como hizo Álava-, pero estamos para resolver problemas».
Los últimos datos recopilados por el Gobierno vasco indican que cada año se generan en Euskadi cerca de 1,2 millones de toneladas anuales de basura urbana, es decir, aquella recogida en los hogares -la fracción mayoritaria, 868.624 toneladas en 2005, un 75%- y los residuos institucionales, comerciales e industriales asimilables (identificados con el acrónimo RICIA), que significaron otras 297.175 toneladas ese año, el 25% restante. Con respecto a mediados de los años 90, el salto cuantitativo es notable. De producir 465 kilos por habitante y año, los vascos han pasado a generar 545,6 kilos. Es decir, más de una tonelada por cada hogar, dado que su tamaño medio es de 2,6 personas.
Evolución «positiva»
¿Tendrá continuidad esta preocupante progresión? Todo parece indicar que no. «La evolución del escenario referente a los residuos urbanos en Euskadi es positiva», indica el Gobierno vasco, que coordina y aconseja a las diputaciones forales, en las que recae la competencia de la gestión de las basuras. «Por un lado», explican los expertos, «la generación de residuos parece estabilizarse» tras haber experimentado un fuerte aumento a finales de los 90. «Incluso disminuye ligeramente», agregan. «Por otro -apuntan-, las cotas de reciclaje van en aumento».
Así es, y ya se ronda el 30%, aunque también es cierto que cada vez cuesta más incrementar este porcentaje, como señala Iñaki Susaeta, técnico de Ihobe, la sociedad pública dependiente del Departamento de Medio Ambiente. Alcanzar las metas marcadas para el año 2016 -llegar al 40% y hasta el 45%, según las diputaciones-, será por ello una tarea «ardua» que requerirá un «esfuerzo en concienciación ciudadana» y un importante cambio en la gestión de los residuos. «Euskadi, con todo, es una comunidad puntera en el Estado y está en el pelotón de cabeza en materia de reciclaje», indica Susaeta. Presenta ratios que duplican la media nacional tanto en papel y cartón como en vidrio, dos ámbitos en los que se recupera más del 50% de lo que se tira, lo que sitúa a la comunidad casi a niveles europeos. «Aún nos falta un paso para llegar a la altura de países como Bélgica, donde se procesa el 95% del vidrio que se utiliza. Pero estamos en el camino y la clave estará en continuar con el esfuerzo de concienciación y en dotarnos de las infraestructuras necesarias», afirma.
El optimismo que profesa el Gobierno vasco se debe a que las tres diputaciones parecen haber hecho los deberes. Al menos, las tres se han dotado ya de planes de actuación con un horizonte que abarca hasta mediados de la próxima década. Tanto Vizcaya como Álava y Guipúzcoa cuentan en la actualidad con planes de gestión de residuos en los que se certifica, de entrada, que «no actuar no es una opción», una máxima que Susaeta comparte a pies juntillas. Si no se pusieran las manos a la obra, las recreaciones apuntan a la catástrofe. En 2015 se generarían ya 1,5 millones de toneladas en los hogares vascos. Los vertederos guipuzcoanos estarían ya cerrados -de hecho, están ya al borde de la saturación- y los alaveses y vizcaínos verían disminuir progresivamente su vida útil, ahora calculada hasta la década de 2020-2030. Euskadi estaría en un serio aprieto.
Objetivo: 'vertido cero'
Nadie quiere que eso ocurra y por eso los planes territoriales prevén importantes actuaciones para evitarlo. El reto más ambicioso es, precisamente, el que afecta a los vertederos. Euskadi pretende que ningún residuo doméstico vaya a las escombreras actuales sin haber pasado antes por un proceso de reciclaje o valorización. «Nada debe tirarse sin más», reflejan las tres diputaciones.
Se busca alcanzar en ocho años lo que viene a denominarse el «vertido cero», lo que permitirá prolongar la vida de los vertederos actuales y zanjar la necesidad de construir nuevos, una operación siempre delicada porque ningún municipio quiere tener una instalación así dentro de sus límites. Este reto va a requerir un fuerte cambio en las tendencias. En la actualidad, el 55% de las basuras domésticas acaban en las escombreras controladas, unas 650.000 toneladas al año. El punto de inflexión, asegura el Ejecutivo, va a ser posible gracias a la «la construcción y entrada en funcionamiento de las infraestructuras previstas en los planes territoriales». Algunas de ellas, como las incineradoras, no exentas sin embargo de polémica.
Guipúzcoa, donde ya prácticamente no caben más residuos, es el territorio con más problemas. Con sus cuatro vertederos al límite, se le vienen encima las casi 400.000 toneladas que genera cada ejercicio. Tras años de indecisión, se apostó por incinerar el grueso de la basura, un método rechazado desde la perspectiva ecologista y que ningún municipio quería acoger dentro de sus límites, razones por las que se ha demorado de forma extraordinaria la toma de decisión. «Las incineradoras queman los residuos, no los reciclan, ni los reutilizan. Simplemente se deshacen de ellos y sueltan a la atmósfera humo y dioxinas cuya afección a la salud podría ser dañina», apuntó en pleno debate Andrés Illana, del movimiento Ekologistak Martxan.
La infraestructura, finalmente, se construirá en Zubieta (San Sebastián) a pesar de la oposición del alcalde Odón Elorza. Se acompañará, eso sí, de otras plantas menos agresivas -tres de compostaje, una de tratamiento de lodos de depuradoras, otra para residuos de construcción y demolición...- que acabarán por definir el panorama de la gestión de las basuras en la provincia. Cuando todo ello esté listo, en torno al año 2013, Guipúzcoa dejará de desviar parte de su producción de basura hacia Igorre y Jata, en Vizcaya, dos vertederos que aún tienen capacidad para varios años, pero cuya vida útil queda comprometida con al recibir 100.000 toneladas de residuos con las que no se contaban.
Vizcaya y Álava, por su parte, hicieron los deberes con más tiempo y, sobre todo, sin la urgente necesidad que apremia ahora al territorio hermano. La primera línea de la incineradora de Zabalgarbi, estrenada en 2004, se hace cargo ya de un tercio de la basura generada en Vizcaya y ha liberado de presión a los tres vertederos activos de la provincia, aunque ha recibido las críticas constantes del movimiento ecologista. El plan elaborado por la Diputación foral contempla una segunda línea en esta infraestructura -un proyecto cuya paralización ha solicitado Greenpeace- así como plantas de compostaje y de tratamiento mecánico biológico (TMB) de los residuos, dos procesos mucho más del agrado de los conservacionistas. El compostaje permite convertir en abono la materia orgánica -cuya recogida selectiva es ahora testimonial-, mientras que el TMB permite separar de la basura todos los elementos aprovechables antes del traslado al vertedero, lo que reduce en un buen porcentaje su volumen. La factura de inversión ascenderá a 200 millones de euros.
Álava, la única de las tres provincias que no ha optado por la incineración, inauguró en 2006 su nueva planta de tratamiento mecánico-biológico que permitirá reducir hasta en un 75%el volumen de la basura que hasta entonces iba a Gardélegui, el gran vertedero de la provincia, cuya vida útil ha quedado alargada de esta forma hasta el año 2030.

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