María San Gil no seguirá al frente del PP vasco. La dirigente guipuzcoana anunció ayer al líder del partido, Mariano Rajoy, que no desea presentarse a la reelección y que abandonará también el grupo parlamentario en la Cámara de Vitoria. «No me siento con fuerzas de seguir en un proyecto en el que no confío plenamente», le vino a decir ayer al presidente nacional durante un encuentro en un hotel de Madrid cercano a la sede de la calle Génova. La cita, planeada en secreto para limar diferencias y clarificar posiciones, concluyó con el portazo de San Gil, que deja al Partido Popular en Euskadi en una de las posiciones más delicadas de las últimas décadas. «Es un problemazo serio», describía un miembro de esta formación a última hora de la noche.
La presidenta transmitió al líder nacional unos argumentos similares a los que le expresó en un hotel de Vitoria el mismo día del atentado contra el cuartel de la Guardia Civil en Legutiano. San Gil percibe un «cambio de rumbo» en la lídea política del partido y la renuncia a «ciertos principios» que, en su opinión, son la esencia del PP. Por todo ello, le anunció a Rajoy su renuncia a continuar con el liderazgo del proyecto en el País Vasco y su deseo de ser sustituida tras el congreso adelantado a julio, según explicaron ayer a este periódico fuentes conocedoras del encuentro.
La dirigente guipuzcoana había decidido hace días hacerse a un lado y dejar paso a otros compañeros del partido ya que entiende que, si se confirman sus temores, podía convertirse en los próximos años en una especie de «'Pepito Grillo'» que recordara al resto del PP cuáles deben ser las «esencias» de su credo ideológico. La larga junta directiva que los populares celebraron el lunes en San Sebastián ahondó en ella esta convicción y, a pesar de que la totalidad de los presentes le solicitó que siguiera en el cargo por creer que es la «mejor» candidata a la Lehendakaritza, pesó más el hecho de que la mayoría apostara por «modular» el mensaje para ganar apoyos entre sectores nacionalistas descontentos.
«Tampoco ayudó el que viera cómo algunos presidentes y secretarios territoriales no le apoyaran en su propuesta de adelantar el congreso», explicaban las mismas fuentes. De los 61 miembros presentes en esa reunión, sólo 28 votaron a favor y uno lo hizo en contra, mientras que 32 se abstuvieron, en un claro gesto de reprobación a la propuesta.
«Respaldo y apoyo»
Todo ello sobrevoló el cara a cara de 45 minutos que ayer mantuvieron San Gil y Rajoy en un «tono cordial»,. Desde el entorno de la presidenta vasca se sostuvo que el líder nacional apenas hizo esfuerzos por hacerla cambiar de opinión y se limitó a señalar que «aceptaría su decisión fuera cual fuera». Un argumento que el dirigente gallego repetiría horas más tarde en el Congreso de los Diputados, cuando ya era pública la salida de San Gil del partido. Rajoy pasó la tarde encerrado en un despacho de la Cámara Baja con la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, el secretario general del Grupo, José Luis Ayllón, y el presidente del PP alavés, Alfonso Alonso.
Fuentes de Génova sostienen que Rajoy comunicó a la presidenta de los populares vascos que no iba a cejar en hacer «todos los esfuerzos posibles» para que reconsidere su posición. Y le reiteró que no existe «ninguna diferencia» entre ambos y que cuenta con todo su «respaldo y apoyo». Según esta misma versión, ambos líderes quedaron en darse un margen y «volver a hablar» antes de oficializar la decisión. Un relato que contrasta con el que ayer se ofrecía en círculos cercanos a la dirigente donostiarra, que afirman que el pacto suscrito entre los dos consistía en no divulgar nada de la conversación a los medios para preparar la sucesión «poco a poco» y sin «grandes sobresaltos». La reunión permaneció apenas unas horas en secreto y de los rumores iniciales pasó a confirmarse a primera hora de la tarde.
La noticia cogió a la gran mayoría del PP vasco por sorpresa, aunque algunos de los dirigentes más cercanos a San Gil conocían desde hace días la marcha de su líder. «No sabemos nada. Nadie nos ha comunicado nada y nos estamos enterando por lo que nos decís los periodistas», reconocía un destacado cargo del partido, que lamentaba el «enorme daño» que este abandono puede causar a la formación «porque la crisis se ha gestionado de la peor manera». Temen que su marcha se deje notar en unas hipotéticas elecciones autonómicas anticipadas y que ciertos electores opten por no acudir a las urnas como gesto de reproche o que prefieran conceder un «voto útil» al PSE para perjudicar al PNV y frustrar la reelección de Ibarretxe como lehendakari.
La salida de quien ha dirigido el PP vasco desde 2008 conlleva una serie de incógnitas que deberán ser resueltas en los próximos días. Entre ella, la de si la renuncia de la presidenta conllevará nuevas bajas. Miembros destacados del partido como la alcaldesa de Lizartza, Regina Otaola, o la parlamentaria Nerea Alzola transmitieron en público su voluntad de dejar sus cargos al mismo tiempo que San Gil. De dar el paso se sumarían a la renuncia del portavoz en Juntas en Vizcaya, Carlos Olazabal, que decidió dar este paso después de que fuera el único representante popular que votara en contra de la propuesta de adelantar el congreso a julio.
Más complicada se advierten las gestiones para designar al sucesor de San Gil al frente de la formación. Con un partido claramente dividido entre el sector guipuzcoano -favorable a la líder guipuzcoana- y el que representan la mayoría de los vizcaínos y alaveses, nadie se atrevía ayer a hacer una apuesta en firme sobre la identidad del elegido para el relevo. Sí comenzaron a surgir nombres como los de los presidentes territoriales Antonio Basagoiti y Alfonso Alonso o el portavoz en el Parlamento vasco, Leopoldo Barreda. «Aún es pronto para esas cosas. Primero debemos superar el 'shock», decía un dirigente popular a última hora.