El 32º Festival Internacional de Jazz de Getxo añade in extremis un concierto estelar, patrocinado por la Diputación foral de Vizcaya, del virtuoso y suntoso cuarteto de jazz vocal The Manhattan Transfer, lo que provocará que el festival se amplíe con esta jornada especial, arranque el lunes 8 de julio y rice el rizo de su ya rutilante cartel, en el que figuran el trompetista habanero Arturo Sandoval, el guitarrista inglés John McLaughlin o el saxofonista afroneoyorquino Archie Shepp.
El Manhattan Transfer se creó en 1972 y desde entonces ha cultivado el glamour, ha sembrado el sentido del humor y ha jugado con sus voces celestiales en un repertorio, canónico, magistral y brillante que pasa del pop a la bossa, del swing vertiginoso al virtuosismo del scat. Son dos chicas y dos chicos y sus canciones y su estilo se antojan mil veces mejores que los de Abba, por poner un parangón inteligible.
Se cuenta que en 1972, Tim Hauser (el maduro bonachón y calvo), trabajaba de taxista en las calles de la Gran Manzana y soñaba con formar un grupo vocal. El destino le trajo en forma de pasajera a Laurel Massé (sustituida en 1978 por Cheryl Bentyne), y hablando supieron que compartían sueños. Poco tiempo después, Tim Hauser conoció en una fiesta a Janis Siegel, que cantaba en un grupo de folk, y la convenció para que se les uniera. La cuarta pata del banco fue Alan Paul (el pincel flaco, alto y moreno), que iba de galán de Broadway y había participado en el musical original de 'Grease'.
8 Grammys
El 1 de octubre de 1972 se juntaron los cuatro y ésta se toma como la fecha oficial de su alumbramiento. El cuarteto frecuentó los clubes de Nueva York y grabó su primer LP, 'The Manhattan Transfer', en 1975. Desde entonces ha vendido en todo el mundo millones de copias de sus más de 20 álbumes pluriestilísticos y comerciales, y ha cosechado ocho premios Grammy.
La del lunes 8 de julio será la segunda actuación que el Manhattan Transfer ofrecerá en el Getxo Jazz. Ya cerró de modo estelar la 27ª edición, en la que las chicas aparecieron de peluquería y los chicos informalmente endomingados. Su concierto de dos horas resultó magistral y osciló entre lo levitante y lo directamente divino. Los neoyorquinos se arrancaron enhebrando las voces al estilo melódico de la radio yanqui de los años 40 ('Route 66' en clave swing), no se cansaron ni de mostrarse simpáticos ni de empujar a participar dando palmas al respetable, se desbocaron con boogie woogie ('A-Tisket, A-Tasket' de la gran Ella Fitzgerald), se lucieron como crooners sinatrianos ('A Gal In Calico') y dominaron el duduá ('Java Jive').
Perfectamente engrasados y conjuntados, también tuvieron muchos momentos solistas y así Tim Hauser tributó a Nat King Cole, Janis Siegel se arrimó al pop a lo Barbra Streisand y se salió con el 'scat' al simular tocar una trompeta, y el espárrago Alan Paul se gustó en el blues.