Ocho años después de partir en dos el paseíllo de vuelta de los toros y establecer sendos recorridos por Dato e Independencia, los blusas y neskas de Vitoria regresarán de nuevo juntos del coso taurino el día de Santiago. Por el momento, se trata sólo de una decisión aislada, de una especie de «ensayo» de La Blanca, ya que las cuadrillas no decidirán hasta después del día 25 si mantendrán, o no, el recorrido único también en fiestas.
«Mucha gente ha pedido volver al paseíllo único, pero cada vez somos más y, a la vuelta, vamos muy lentos», explicó a ELCORREO la presidenta de la comisión de blusas y neskas, Iratxe Irigoyen. Por ello, no será hasta después del día de Santiago cuando, en función de cómo resulte esta prueba de fuego, la comisión decida qué hacer.
Pese a todo, la comisión de blusas y neskas promoverá otros 40 actos festivos desde el próximo 18 de julio. Como antesala del ciclo, aparece la XIX edición del criterio ciclista, que se celebrará ese mismo día a las 20.30 horas por el centro de la ciudada. Los planes previos al Día del Blusa y a La Blanca se completarán con una actuación de Joselu Anaiak -el día 24, a las 23.30 horas en la plaza de España- y sendos conciertos los días 1 y 2 de agosto en la plaza del Machete.
Burros y pelota
El resto del programa se zambulle ya en las festividades de Santiago y de La Blanca. Así, el día 25 vuelve a ser una fecha llena de hitos lúdicos. Comenzará a las ocho con la actuación de la coral Manuel Iradier en San Miguel. Una hora y media después, tendrá lugar la visita al cementerio, donde blusas y neskas realizarán la ofrenda floral a sus antecesores. Y ya a las diez y media de la mañana, la plaza de la Virgen Blanca acogerá la tradicional carrera de burros.
El día de La Blanca arrancará con el homenaje a la ikurriña -13.15 horas en la plaza de España- y continuará en Los Fueros con la cuarta edición del concurso de lanzamiento de abarca, que este año se abre también a los txikis.
El día 6 se acumulan acontecimientos: concurso de pintura, los juegos infantiles de Basatilandia, la verbena de Okerrak (Arca) y el baile del platanito (Belakiak). Otro año más, continúa la tradicional foto a los blusas txikis, el día 7. La gambada de Gasteiztarrak, el primer concurso de recogida de txingas (Belakiak), la gynkana infantil (Zoroak) y la fiesta de la espuma de Los Desiguales completarán la jornada.
El 8, cita con el concurso gastronómico de Bereziak, con el baile en línea de Los Desiguales, con la desgustación de chorizo de Belakiak y con el decimotercer meneíto veterano de Nakazariak. Y ya el 9, llegará el fin de fiesta.
Los aficionados a la pelota disponen desde ayer de un nuevo recinto en el que practicar su deporte favorito. El frontón de San José, en desuso desde hace año y medio, ha sido rehabilitado gracias al trabajo de una docena de agrupaciones vecinales y colectivos sociales vitorianas, entre ellas, los padres y madres del colegio Ramón Bajo, Gao Lacho Drom, Hala bedi, el Zapateneo Kultugunea, Eguzki, la asociación deportiva El Campillo o Hemen eta Munduan.
El complejo, que está ubicado en la parte alta de la colina, junto al palacio Escoriaza-Esquível, se cerró en la primavera pasada, después de que un temporal levantase «unos seis metros cuadrados» de la cubierta. Gracias a la implicación de los vecinos, y en tan sólo siete jornadas «de trabajo colectivo», los destrozos han sido reparados, se ha lijado y pulido el suelo de la cancha y también se ha retocado el frontis, aunque todavía presenta algunos desperfectos que se arreglarán antes del 5 de julio, fecha en la que se inaugurará el frontón de manera oficial.
«Pequeña avería»
Según los miembros de la Asamblea Txapa Ahotsa, que ayer organizaron una kalejira reivindicativa por las calles del Casco Viejo, «se trata de una pequeña avería, de fácil arreglo, para la que no es preciso destinar un presupuesto millonario, pero el Ayuntamiento no se hace cargo». Según ellos, eso demuestra «el desinterés del Consistorio respecto a nuestro barrio y a las necesidades de su vecindario».
En realidad, el recinto no es de titularidad pública, sino que depende de una fundación eclesiástica. En los últimos años, los vecinos de la zona lo usaban gracias a un acuerdo entre el Ayuntamiento y sus propietarios.