Para algunos aficionados al jazz, resultará difícil que este año se supere una jornada como la del martes. Para empezar la programación del Jazz del Siglo XXI, el veterano Charles Lloyd ofreció con su cuarteto un interesante concierto que pudo disfrutarse a muy diversos niveles por parte del variopinto público del Teatro Principal.
Claro que, al entrar en el recinto de Mendizorroza, era obligado hacer un cambio de chip mental. Y es que el contraste con la propuesta del cuarteto de Wayne Shorter era grande. De hecho, esta lujosísima formación -con el piano de Danilo Pérez, el bajo de John Patitucci y la batería de Brian Blade, en constante reubicación de papeles y tareas creativas- está a una gran distancia de otros planteamientos, con un concepto 'avant-garde' muy particular, basado en la creación musical en directo. Como los chefs japoneses que cocinan ante uno. Lo que sucede es que, pese a la altísima calidad del plato, la digestión puede resultar un tanto pesada ante la densidad del producto, que requiere un fino paladar y un cierto apetito por el jazz coral de alta cocina.
El saxofonista y sus compañeros protagonizaron toda una serie de encuentros, descubrimientos y -algo inevitable- momentos de transición para buscar el acoplamiento de su música, siempre en movimiento. Siempre más allá.
En la segunda parte, Herbie Hancock volvió a demostrar que su nombre es toda una garantía de musicalidad e ideas. Más cambios de chip. Y sorpresas: el pianista se esforzó por comunicarse en castellano para presentar tanto a un Dave Holland inédito como bajista eléctrico en algunos temas como para dar paso al guitarrista de Benin Lionel Loueke, que dio un recital de voces y sonidos con su guitarra Godin de cuerdas de nylon y diversos efectos. Otras fueron la versión de 'When Love Comes to Town' de U2 (que Hancock grabó en 'Possibilities') o la impresionante voz de la vocalsita Amy Keys.
También hubo problemas. Cosas del directo, como el esguince de tobillo de la cantante rubia Sonya Kitchell o el fallo del micro del saxo de Chris Potter, exuberante en todo momento, pero casi inaudible en la casi imprescindible 'Cantaloupe Island'. Claro que también hubo material de Leon Russell o Joni Mitchell, un complejo tema del guitarra 'Seven Teens', un final funk y un inconfundible y magistral piano. Y para remate, Hancock tocó un teclado-guitarra.
¿Y la batería? Pues todo un gigante del instrumento, Vinnie Colaiuta, demostró por qué desde sus años con Frank Zappa ha tocado con tanta figura de la música. Apabullante.