Un curandero con alma errante o un genocida sin ningún tipo de escrúpulos. Ambas definiciones hacen referencia al mismo 'verdugo', el criminal de guerra serbobosnio más buscado, Radovan Karadzic. Desde su captura el pasado lunes las indagaciones sobre su paradero durante los doce años que ha estado huido han saltado como la dinamita. La última pesquisa, según el diario londinense 'Daily Telegraph', apunta a que su aliado durante el conflicto de los Balcanes, Ratko Mladic, reveló informaciones claves para dar con el escondite de Karadzic, con el fin de salvarse de las garras de la justicia.
La acusación de La Haya en contra de estos dos genocidas data de abril de 2000, cuando la ex fiscal Carla del Ponte estableció el arresto del líder serbobosnio y el de su comandante militar como su objetivo de vida. Un esfuerzo que se ha prolongado hasta la fecha y que Mladic parece que ha querido esquivar. El rotativo londinense señala que éste pasó información a los servicios de inteligencia implicados en su detención a cambio de que se aplazase tanto su detención como su entrega al Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY).
Su estratagema escondía un astuto plan. La intención de Mladic sería la de impedir que fuese juzgado fuera de Serbia, un país en el que ciertos sectores le siguen considerando un héroe. No sólo eso, sino que el mandato del TPIY para cerrar todos los casos vence en 2010 y a partir de esa fecha sus casos serán remitidos a los tribunales de los países de la antigua Yugoslavia.
Este objetivo llevó al ex jefe militar serbobosnio a entregar a su 'colega' durante la guerra de Bosnia. Las mismas fuentes que han desvelado esta traición, han indicado que en la captura de Karadzic intervinieron los servicios de inteligencia británicos en ayuda de las autoridades serbias, aunque en el operativo conjunto participaron también la CIA estadounidense, la agencia de inteligencia policial extranjera del Gobierno alemán (BND) y los servicios secretos franceses. Estos países tienen interés en que Serbia entre en la Unión Europea y se olvide de Rusia.
Con respecto a Mladic, parece ser que su estrategia tenía ciertas lagunas porque se prevé que sea detenido en las próximas semanas, pese a que cuenta con el apoyo del Ejército serbio, un hueso duro de roer y sin tanta necesidad como el Gobierno de llevarse bien con la UE.
Pero el destino de estos dos criminales de guerra, a los que se les acusa de graves masacres desde 1992 a 1995, parece estar en prisión. Aunque el propio Karadzic no se rinde y mantiene su inocencia e incluso se defenderá a sí mismo durante el juicio. De hecho, sus seguidores preparan un plan maratoniano que aseguran cambiará la visión del mundo sobre el conflicto de la antigua Yugoslavia.
Un turista más
Hasta ahora, lo que sigue dando sorpresas es la vida de el ex presidente serbobosnio como prófugo de la justicia internacional. Su imagen de hombre sin reparos se ha endulzado con anécdotas que le califican como alguien incapaz de matar a una abeja o de un hombre simpático y puro que sólo se dedicaba a repartir 'pócimas' mágicas y consejos de sabio. Bajo su identidad falsa de Dragan David Dabic, podía pasear con tranquilidad por las calles de Belgrado.
Con este desdoblamiento de la personalidad, el líder serbobosnio se permitía el lujo de veranear como otro cualquier turista en las playas de Croacia. Hasta la isla de Ciovo se fue en el verano de 2006. En un apartamento alquilado, Dragan Davic se ocupó sólo de pasear y nadar e, incluso, visitó una iglesia católica, como buen cristiano ortodoxo.
Lo que no sospechaba Karadzic es que esa identidad falsa -que el fiscal especial de Belgrado para crímenes de guerra, Vladimir Vukcevic, anunció ayer que se la habían «entregado las anteriores autoridades serbias»- corresponde a la de un hombre que sigue vivo. Esta información la vertió ayer el ministro de Interior de Belgrado, Vuk Jeremic, contradiciendo algunas informaciones que indicaban que el verdadero Dragan había muerto en Sarajevo en 1993.
Pero el antiguo presidente serbobosnio estaba tranquilo. Una calma que, el antiguo ministro de Asuntos Exteriores de la República Srpska Aleksa Buha atribuye a que Karadzic había pactado con Estados Unidos abandonar la política a cambio de que retirasen los cargos por genocidio y crímenes contra la humanidad. Tal era su indiferencia que en el momento de su detención llevaba dos móviles, un ordenador portátil, 600 euros y ropa para unos quince días. Según el tabloide populista 'Blic', planeaba irse de vacaciones a unos baños termales en localidad de Vrdnik, cerca de Belgrado.
Su plan para este verano será bien diferente. El abogado del genocida ha adelantado que Karadzic, quien nada más entrar en prisión pidió afeitarse la barba y recuperar la imagen que tenía cuando era presidente, «no come, bebe agua y lee la Biblia en la cárcel». Los propios analistas de Belgrado atribuyen esta falta de apetito al miedo que tiene a que le envenenen. De momento, se tiene que preparar para su extradición a La Haya la próxima semana.