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Sociedad

25.07.08 -

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Me lo dijo Tere Ampuero: «Tienes que pasar por el Hotel Yesil Ev, el mejor sitio entre Santa Sofía y la Mezquita Azul para dejar que los sentidos reposen con placer lo vivido». Y tenía razón, porque hasta Mitterrand refrescaba los sentidos con su segunda familia en el tranquilo jardín de esta vieja mansión de madera verde, que ni siquiera se perturba cuando el rezo desde de los minaretes en el atardecer estremece el aire de las primeras sombras. Su fotografía seguía encima del piano, con toda la solemnidad republicana de un presidente francés, en un salón decorado con el estilo suntuoso pero decadente del siglo XIX.
Fumé un puro frente a su foto, imaginado su estancia en un fin de año, sus sensaciones tras observar las inscripciones en la cúpula de Santa Sofía, sus lecturas turcas de Byron o Loti, sus elucubraciones políticas y hasta su preocupación por ocultar una hija que con el tiempo se convirtió en el mejor secreto a voces de toda Francia.
Le pregunté al camarero si había conocido al personaje de la foto. Me dijo que sí, que era el entrenador del Galatasaray y que cuando el equipo ganó la última Liga fue tan generoso que hasta regaló a los camareros tres camisetas firmadas, dos balones y quinientas liras. Fantasía turca, asombrosa fantasía turca.
Mañana
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