El peligro está ahí fuera y acecha siempre. Tiene nombre, apellidos y 27 años. Una revisión de los casos que llegan a los juzgados alaveses saca a la luz historias insólitas como la del joven y triste protagonista de las líneas que siguen. Él es un ejemplo de persistencia en el disparate, de inconsciencia y de incapacidad para asimilar conceptos elementales. Colecciona infracciones y condenas, pero no le importa.
La sentencia que estrenó su ya nutrido historial delictivo es de julio de 2007. Hace un año, el individuo fue condenado a la retirada de carné durante ocho meses por una de las infracciones más graves que se pueden cometer tras un volante: conducción con desprecio de la vida de los demás. Sin embargo, el paso por el juzgado no le amilanó, y siguió a su aire.
En abril de este año volvieron a pillarle. En este caso fue condenado por dar positivo en una prueba de alcoholemia y por quebrantamiento de condena, es decir, por conducir pese a tener retirado el permiso. La pena fue de retirada del carné por veinte meses.
Ni que decir tiene que en esta ocasión el juez tampoco logró que el joven hiciese acto de contrición. Esa falta de capacidad para aprender se demostró hace un mes: el 2 de julio volvió a ser condenado por volver a coger el coche bajo los efectos del alcohol y por hacerlo pese a tener retirado el carné.
En este punto el multireincidente logró el más difícil todavía. Porque al día siguiente de ser condenado a la retirada de carné durante dos años, la Policía volvió a detenerle. Fue el 3 de julio y la acusación fue la habitual: alcohol y quebrantamiento de condena.
Llegados a estos extremos, y en vista del riesgo que suponía tener a semejante elemento por la vía pública, se le ocupó el coche como medida cautelar. Además, la Fiscalía ha pedido una pena de prisión de seis meses, y que se le decomise el vehículo de manera definitiva.
Progresividad
El fiscal delegado de Seguridad Vial, Manuel Pedreira, reconoce lo evidente: «Que le quitemos el carné se la trae al fresco absolutamente». Sin embargo, lo que llama la atención es por qué no se tomaron antes medidas más contundentes. ¿Qué hubiese ocurrido si hace un mes, con ese historial a sus espaldas, hubiese matado a alguien? ¿Entendería la ciudadanía que una persona con esos antecedentes pudiese seguir al volante de su propio coche? «Tiene que hacer progresividad», dice Pedreira. «Empezamos con una pena pequeña y se va aumentando hasta el extremo de solicitar el decomiso del vehículo».
Lo más grave de todo es que este no es el único caso que por disparatado parece irreal. Hay más, muy parecidos, y conducen por las calles de Vitoria.