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Miranda

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El profesor de uno de los grupos, Jesús Ponce, asegura que la clave consiste en ser «paciente y tolerante»
23.08.08 -
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«He podido vivir una mezcla de culturas muy enriquecedora»
Él ofrece su tiempo en Cáritas. / AVELINO GÓMEZ
Miembro de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), Jesús Ponce, decidió impartir clases de español a inmigrantes en Cáritas casi como un reto personal, como una forma de acercarse a este sector de la población mirandesa. Empezó a principios de año con un grupo de 15 personas marroquíes y rumanas a las que ha tratado de dar lo mejor de sí mismo. Y asegura que la experiencia ha merecido la pena.
-¿Qué le ha sorprendido más de su experiencia docente?
-Que he descubierto en mí una capacidad de expresión que no conocía y he acabado haciendo el indio para hacerme entender. Es una experiencia buena porque nunca había hecho algo así.
-¿Le ha costado hacerse entender?
-Mucho y eso me ha supuesto un esfuerzo enorme porque con la cultura de los marroquíes es muy distinta a la nuestra y es muy difícil que te comprenda cuando, para empezar, escriben de derecha a izquierda. No nos parecemos en nada, pero he recurrido mucho al tema de que en España ellos estuvieron viviendo muchos años y que la cultura española tiene mucho de la árabe, desde libros hasta monumentos.
-¿Cómo ha sido su relación con los integrantes del grupo?
-Extraordinaria. No sé si por la actitud de querer saber, pero en todo el tiempo que he estado con ellos no he visto una falta de asistencia o de interés. Teníamos dos horas de clase y las aprovechaban mucho.
-¿Se produjo en algún momento un choque cultural?
-En clase he vivido una mezcla de culturas muy enriquecedora, había coques pero no problemas. Recuerdo que de los nueve marroquíes que tenía en el grupo ocho eran mujeres y no querían estar en clase junto a hombres. Les dije que debían adaptarse al medio en el que estaban, que no trataran de imponer sus costumbres.
-La religión puede ser una gran barrera.
-Sobre todo en la musulmana. Todas las chicas van con chilaba o pañuelos y no pueden ni entrar a un bar. Además, se las ve muy mentalizadas de que el hombre es el que manda y se someten a él. Yo soy partidario de respetar todas las culturas pero creo también debo hacerles entender que en Europa podemos cuestionar su forma de vida, y por qué. En esta caso creo que todas las partes deberíamos recorrer la mitad del camino para adaptarnos unos a otros.

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