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Sociedad

27.08.08 -

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Nada como los clubes privados londinenses, con sus altas cuotas y sus ambientes exclusivos, para certificar ese matrimonio bien avenido entre modernidad y tradición. Y es que, aunque el viejo Carlton Club de St. James Street ya no tenga la severidad protocolaria y formal de los tiempos de Churchill, Eden o Mac Millan, todavía conserva en su modernidad abrillantada el sabor añejo de su ambiente conservador o de sus sofás chesterfield.
Como es natural, el valor social de los clubes privados ha sido aprovechado por algunos empresarios que han sabido ofrecer la reformulación armónica de una privacidad exclusiva en la que se puede comer, beber, bailar y hasta hacer negocios con gente de similar posición social. Es el caso de Mark Birley, ahora propietario del clásico Annabel's, en el Mayfair; del Mark's Club, con su brasserie de estilo Nantucket; y del afamado The Georges Club. Otra opción es la clasificación de los clubes por ambientes. Así, la gente del cine se reúne en el Century Club, la del fútbol en el Pangea o en el Chinawhite y la de los galeristas y anticuarios en el venerable Home House Club, de la Portman Square.
Eso sí, Churchill ya no podría fumar un puro en su club, porque la modernidad y la Cámara de los Comunes han prohibido fumar en lugares públicos.
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