Sesenta de cada cien libros publicados en euskera son volúmenes escolares, literatura infantil y juvenil (en muchos casos, lectura obligatoria en las aulas) y publicaciones oficiales. Sólo los cuarenta restantes son literatura sin adjetivo, ensayo, historia, arte o cualquier otra temática que el lector adquiere porque le gusta y no porque esté obligado en razón de sus estudios o su profesión. Hace una década eran menos, sólo 33, pero la producción editorial en euskera aún está lejos de equipararse a lo que se da en gallego y catalán: en estas lenguas, los libros de lectura 'obligatoria' están algo por debajo de la mitad de la producción del sector. El camino para la normalización del euskera en el ámbito literario es aún largo.
Las cifras de producción del sector editorial español son un galimatías de difícil comprensión. Los datos que ofrecen el Instituto Nacional de Estadística y el Ministerio de Cultura no coinciden entre sí. En el caso de la producción en euskera, también hay divergencias entre los dos organismos citados, el Eustat y el Gremio de Editores de Euskadi. El hecho de que unas fuentes recojan reimpresiones y otras no, que alguno de los estudios se haga sólo con publicaciones con ISBN y otros incluyan también los libros que no lo tienen, causa diferencias de hasta el 100%. Por eso, más que hablar de cifras absolutas es conveniente hacerlo de porcentajes, porque el perfil de la edición queda muy nítido y las diferencias entre fuentes son así muy pequeñas.
Y esos porcentajes muestran que la evolución del sector editorial es más lenta en lo que se refiere a la producción en euskera que la que se está dando en el catalán y el gallego. La comparación con el castellano no procede, por cuanto se trata de libros que se venden no sólo en toda España sino también en Latinoamérica, lugares en los que no compiten con otras lenguas. Pues bien, a finales de los noventa, el euskera y el gallego estaban en una situación idéntica en cuanto al porcentaje de libros que no están vinculados a la educación ni son publicaciones oficiales: 33 de cada 100. Hoy, en euskera son 40, pero en gallego la proporción ha ido subiendo paulatinamente hasta llegar a los 54. Exactamente igual que el catalán, donde la evolución de los últimos años ha sido muy lenta pero partía de una situación de mucho mayor equilibrio entre tipos de libros.
¿Por qué el mercado 'cautivo' -se puede llamar así, puesto que la compra de esos libros es obligada en la gran mayoría de los casos- sigue copando la producción editorial en euskera pese a que el número de vascoparlantes está en aumento? Jorge Giménez, responsable de la editorial Alberdania, una de las de mayor peso en el mercado literario en euskera, lo atribuye a dos razones. Por una parte, explica, el número de vascoparlantes crece, pero lo hace por la franja de edad en la que se da menos lectura 'voluntaria'; es decir, los más jóvenes. Por otra, el lector euskaldun se encuentra aún hoy con que una parte muy importante de la oferta disponible a su alcance está sólo en otra lengua que conoce a la perfección: el castellano.
El círculo vicioso
«Editar en torno a 1.500 títulos al año, incluidos los destinados a la escuela, revela que la oferta no se ha normalizado», reconoce Giménez. «Pero por otra parte no se puede publicar mucho más que eso, dado que el público potencial asciende a no más de 800.000 personas». Es decir, una pescadilla que se muerde la cola: se edita poco porque hay un mercado potencial escaso y los lectores euskaldunes que quieren estar al tanto de la actualidad literaria se ven obligados a recurrir al castellano porque se edita poco.
Las cifras son realmente modestas. Aproximadamente siete de cada cien ejemplares publicados en euskera se encuadran en el epígrafe 'literatura', muy pocos frente a los 30 de 'literatura infantil y juvenil'. Según los datos de producción aportados por el Gremio de Editores (la estimación más abultada), eso equivale a 250.000 ejemplares al año. Es decir, un libro por cada tres lectores potenciales.
A Unai Elorriaga, premio Nacional de Narrativa por 'Un tranvía en SP', le parece que los aproximadamente 250 títulos de literatura que se publican al año son un volumen realista para las necesidades del mercado. A su juicio, es en el ámbito del castellano donde se publica demasiado, «lo que hace que libros buenísimos, pero que no han tenido promoción, pasen completamente inadvertidos. Quizá no haya que buscar tanto la cantidad como la calidad. Creo que las cifras de la edición en euskera son ajustadas al mundo en que vivimos».
Anjel Lertxundi, un escritor euskaldun de otra generación, cree que las cifras relativas lo que ocultan es que existe una elevada producción editorial, en general promovida por la Administración, que no se dirige apenas a los lectores: se trata de textos cuyo destino natural son los archivos, los centros de documentación y otros ámbitos similares. Al margen de eso, «el lectorado euskaldun no aumentará de forma espectacular en los próximos años. Se trata de consolidarlo y de que vaya creciendo poco a poco». Lertxundi se muestra contrario a recurrir para ello a la protección administrativa de ese grupo, una estrategia que a su juicio es siempre peligrosa.
Lertxundi parece apuntar, aunque sin citarlo expresamente, a una política de subvenciones cuyos resultados no son fáciles de constatar. El Gobierno vasco mantiene una línea de ayuda a la edición en euskera que el año pasado repartió 576.000 euros entre 23 editoriales, para la publicación de un total de 358 títulos. Las subvenciones, que son aprobadas por un comité según unos criterios establecidos legalmente, oscilaron entre 127,50 y 4.500 euros. Una subvención media se sitúa en torno a 1.500. A cambio de esos fondos, las editoriales entregan ejemplares que van a parar a la red de bibliotecas públicas.
Subvenciones
Son cantidades pequeñas que en el caso de libros de muy escasa difusión ayudan a cubrir los gastos, pero que no tienen relevancia alguna cuando se trata de títulos de mayor tirada. Y, aunque a la vista de la modestia de esos datos no lo parezca, los buenos libros alcanzan difusiones nada desdeñables, como apunta José María Barandiarán, consultor del sector. Barandiarán, que es bastante crítico con el sistema actual de subvenciones, cita un ejemplo: la versión en euskera de 'El niño con el pijama de rayas' se acerca ya a los 10.000 ejemplares vendidos. Ese éxito revela que, aunque el castellano sea el primer idioma de lectura para muchos vascoparlantes, cuando se trata de un título del que todo el mundo habla es posible romper el círculo vicioso de la estrechez del mercado.
De momento, el sistema de subvenciones va a cambiar. El Departamento de Cultura del Gobierno vasco ya está estudiando otras fórmulas para su concesión, según ha anunciado a este periódico un portavoz. Se trata de agilizar un sector que, en línea con la normalización del uso de euskera, debería sostenerse en algo más que los libros de texto y la literatura juvenil. Cataluña, con una importante oferta de títulos es el ejemplo a seguir, salvando las distancias que marcan las diferencias de tamaño del mercado.