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Obsequioso en defensa y flojo en ataque, el Athletic vuelve a salir goleado del campo del Sevilla
06.10.08 -

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La tunda de costumbre en el Pizjuán
Navas se aprovechó de un error de Balenziaga para dejar en bandeja el primer gol a Kanouté. / FERNANDO GÓMEZ
Más respetuoso que nadie con las tradiciones, el Athletic cumplió ayer tarde la que, de un tiempo a esta parte, le obliga a visitar el Sánchez Pizjuán y salir noqueado, cantando el gorigori. Por lo visto, no hay manera de evitar la insana costumbre de recibir una tunda cada vez que se visita la casa del Sevilla. Son ya 16 años sin ganar allí y, visto lo visto, teniendo en cuenta las plantillas de pedernal que arma cada temporada el club de Nervión, lo lógico es pensar que la sequía se prolongará en los ejercicios venideros. Resignación, pues.
Ayer el castigo fue de cuatro goles, la mayoría de ellos, por cierto, generoso obsequio de la defensa del Athletic, a la que le salió la vena floja y temblona el día menos indicado. Ante el Sevilla hay que bordarlo si se quiere tener una posibilidad y los rojiblancos hicieron ayer justo lo contrario. Dos despistes defensivos en la primera parte fueron su tumba. El equipo, quizá convencido de su inferioridad, tal vez recordando las derrotas por 4-1 que se había llevado de ese mismo escenario, clavadas como banderillas, en sus dos últimas visitas, no tuvo ni calidad ni presencia de ánimo para reaccionar tras el descanso. Sin apretar, casi sin despeinarse -al fin y al cabo venían de jugar en Salzburgo el jueves-, los pupilos de Manolo Jiménez terminaron la faena con la autoridad y la contundencia de los grandes.
Nuevo experimento
La derrota deja en el alambre al Athletic, que salió al campo con buenas intenciones. Caparrós decidió mantener el bloque que convenció ante el Getafe con una única variante: sentó a Ion Vélez, que no saldría hasta el minuto 53 en sustitución de un apagado Llorente, y situó a Javi Martínez como medio punta, por delante de Orbaiz y Yeste. En principio, el experimento tenía buena pinta. Es más, en los primeros minutos la cosa pareció funcionar. Aunque apenas conseguía llegar al área de Palop, el Athletic mostraba cierta prestancia. Se notaba que había un propósito general de enmienda, una firme voluntad colectiva de no repetir faenas de bombero torero como las de Málaga y Huelva. El equipo presionaba bien arriba y tapaba con eficacia las bandas, una consigna que los jugadores llevaban tatuada en la frente.
Navas y Capel daban mucho miedo. Y con razón. Es muy raro que alguno de los dos interiores sevillistas, a base de insistir e insistir, no la acabe liando por su banda respectiva. Ayer le tocó el turno al chaval del barrio de Los Palacios. Navas tardó un poco en hacer acto de presencia.
De hecho, en el arranque del partido las gotas de peligro del Sevilla las pusieron, por el centro, Renato y Maresca. Pero Jesús Navas estaba allí, como una amenaza latente. En el minuto 25, se aprovechó de un despiste del rojiblanco Balenziaga para robarle el balón en una maniobra de carterista y regalarle el gol a Kanouté, del que se habían olvidado los centrales rojiblancos.
La sentencia
Con el 1-0, la tropa de Caparrós intentó estirarse. El suyo fue entonces un querer y no poder. Le faltó precisión y velocidad para sorprender al Sevilla, que tiene un caparazón durísimo. Puede que haya perdido algo de chispa y de la capacidad de sorpresa que da un futbolista tan incendiario como Alves, pero está claro que el equipo de Manolo Jiménez ha ganado esta temporada en seguridad y en equilibrio.
Su defensa ha subido muchos enteros. Konko, Squillaci, Escudé y Fernando Navarro son un cuarteto de garantías y, por delante de ellos, el amigo Romaric es una máquina haciendo labores de entresaca. El buen ojo de Monchi y sus colaboradores es indiscutible. A poco que progrese, este joven africano de rostro duro y altivo no tardará en hacer olvidar a Poulsen.
Así las cosas, el 2-0 a cinco minutos del intermedio vino a ser una sentencia en toda regla. El gol retrató de nuevo a la defensa rojiblanca. Navas se fue por la derecha de Balenziaga y a Renato, un extraordinario futbolista cuya categoría ha quedado siempre algo eclipsada por la fama de algunos de sus compañeros, le bastó un buen desmarque al primer palo para rematar a placer. Su excompañero Aitor Ocio ni le vio.
Lo decíamos: no fue ayer el día de la defensa rojiblanca, ni siquiera de Iraizoz, al que se le escaparon varios balones que pudo blocar. Si Balenziaga fue obsequioso en el primer gol y el vitoriano en el segundo, el cuarto, a diez minutos del final, vino precedido de un despeje fallido de Amorebieta. En realidad, sólo en el 3-0, un contragolpe de manual, puede decirse que la retaguardia rojiblanca estuvo libre de culpa.
Barça, Madrid y Villarreal
Habrá que ver cómo encaja el Athletic la goleada de rigor en el Sánchez Pizjuán. El parón liguero, antes de recibir, en una tacada de vértigo, al Barcelona, el Real Madrid y el Villarreal, debe servir para reflexionar, para hacer los ajustes que sea necesario y, desde luego, para levantar la moral de una tropa que ya empieza a mirar la tabla clasificatoria con aprensión. El peligro de empezar a jugar con miedo está ahí, a la vuelta de la esquina. ¡Y qué miedo da!
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