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Sociedad

08.10.08 -

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La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), con sede en Roma, dio ayer un paso tímido, pero nuevo y decidido, para poner en guardia al mundo sobre el uso de los biocombustibles, los carburantes vegetales obtenidos de maíz, azúcar y otros cultivos. Vistos como una panacea, una de sus consecuencias, sin embargo, ha sido disparar el coste de alimentos básicos. Los dirigentes de la FAO han mantenido estos años una postura neutral a la espera de estadísticas y datos científicos. Pero parece que ya los tiene y su recomendación es que los gobiernos revisen sus políticas al respecto. El único ejemplo loable es Brasil, donde supone el 20% del combustible sin alterar los precios del azúcar.
Si en la última cumbre mundial de la FAO, celebrada en junio en plena crisis por la subida del precio de los alimentos, el organismo se limitó a decir que los biocarburantes representaban «tanto riesgos como oportunidades», ayer se inclinó por sus peligros. Su informe anual sobre el hambre en el mundo avanza que sólo los países ricos se benefician de los biocarburantes, mientras suponen una amenaza para los pobres, por su impacto en los precios.
Mercado «artificial»
Tampoco representan un gran recurso energético ni una ventaja para atajar el temido efecto invernadero, «como se había supuesto». Es más, contribuyen a la deforestación de grandes extensiones. La posibilidad de negocio y comida barata que podrían representar para los países en desarrollo se ve negada por las subvenciones y los aranceles de los países ricos. El mercado que se ha creado es «artificial», según la FAO.
La producción de estos biocarburantes se ha triplicado en el periodo 2000-07 y significa un 2% del consumo mundial para transportes, pero la FAO piensa que, aún así, su importancia será «limitada». No obstante, la demanda agrícola para fabricarlo «seguirá aumentando e incrementará la presión sobre los precios». «Los consumidores pobres de zonas urbanas y rurales se encuentran en peligro. Las decisiones sobre los biocombustibles deberían tener en cuenta el hambre y la disponibilidad de tierra y agua», advierte el informe.
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