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Sociedad

09.10.08 -

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Si el verano es tiempo de picaduras de medusas y salvarios, el otoño lo es de los papilomas, los hongos y los moluscos, propios de saunas, piscinas y gimnasios. Las aguas estancadas son su medio ideal. No tienen por qué generar complicaciones graves, pero sí pueden resultar muy molestos.
Los hongos proliferan en zonas húmedas y de sombra, donde la temperatura oscila entre los 20 y 28 grados. Los hay de varios tipos y sus síntomas cambian de uno a otro, aunque todos se caracterizan por generar escozor, enrojecimiento de la zona afectada, incluso por la aparición de granitos. Un champú especial o determinadas cremas bastan para librarse de ellos.
Dan más guerra los papilomas, que a menudo se confunden con callos o durezas. Los distingue su apariencia esponjosa y los anillos que, como los troncos de los árboles, rodean su crecimiento. Con un tratamiento antiviral suelen desaparecer, aunque en ocasiones es necesaria la cirugía.
Los moluscos son infecciones causadas por virus. Unas veces se queman o se quitan a cuchilla, otras basta con una pomada.
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