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Miren Azkarate reconoce que «no queda tiempo material» para remitir el plan lingüístico al Parlamento antes de que acabe la legislatura

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La portavoz del Gobierno vasco da por enterrada la reforma educativa de Campos
El consejero de Educación, Tontxu Campos, observa a la portavoz del Gobierno vasco, Miren Azkarate, durante una rueda de prensa conjunta. / N. GONZÁLEZ
No hay tiempo ni consenso. La portavoz del Gobierno vasco, Miren Azkarate, confirmó ayer lo que ya era un hecho evidente para todos, salvo quizá para el propio consejero de Educación: que el PNV no respalda su propuesta, la legislatura se agota y no queda margen de maniobra para tramitar el proyecto de ley de reforma de los modelos lingüísticos. Un día después de que la presentación del último borrador «flexibilizado» evidenciase los nulos apoyos con los que cuenta Tontxu Campos -no sólo en el plano político, sino también en el sindical-, Azkarate dio por zanjado el debate en lo que compete al actual Gobierno tripartito.
La portavoz del Ejecutivo no se pronunció en detalle sobre la nueva propuesta elaborada por el departamento en manos de EA -que rebaja las exigencias lingüísticas para lograr el apoyo del PNV y EB-, aunque reconoció que hay aspectos que no cuentan con el beneplácito de Sabin Etxea. «Compartimos muchos puntos de la reflexión que ha puesto el consejero sobre la mesa. En otros habrá que seguir trabajando», dijo. Azkarate, en cualquier caso, descartó que en este desacuerdo pese el desmarque electoral de la formación liderada por Unai Ziarreta. «Esto hubiera sido igual aunque EA hubiese optado por ir en coalición», dijo la portavoz en una entrevista concedida a EITB.
Lo que es incontestable es que a la Cámara vasca le queda apenas mes y medio de actividad antes de su obligada disolución por la próxima convocatoria electoral. El nuevo borrador de la reforma ha sido remitido al Consejo Escolar y, tras ser estudiado por el comité jurídico, debería recibir la luz verde del Consejo de Gobierno antes de pasar al Parlamento para su debate y aprobación definitiva. Pero el problema, en realidad, no es tanto la premura en las fechas como el recelo con el que el PNV ve una propuesta que hace desaparecer en la práctica la enseñanza en castellano y que ha despertado un fuerte rechazo, no sólo en la oposición, sino en buena parte de la sociedad vasca.
El consejero de Educación, sin embargo, no parece dispuesto a abandonar su numantina defensa de una reforma educativa que pretendía acabar con el actual sistema de modelos lingüísticos implantado hace más de dos décadas y que «está agotado». Un portavoz del departamento aseguraba ayer que la intención de Tontxu Campos es «seguir trabajando» para cumplir el mandato parlamentario de remitir a la Cámara un documento «debatido y consensuado» con los partidos y agentes educativos. «Somos conscientes de las fechas que son pero, de momento, nuestra intención es cumplir esa obligación y buscar el apoyo de aquellos sindicatos y colectivos que reconocen los mismos derechos a las dos lenguas». Será en balde.
La pérdida del apoyo de los sectores nacionalistas de la comunidad educativa tras rebajar las exigencias lingüísticas ha desconcertado al equipo de Tontxu Campos, cuyos portavoces no ocultaban ayer su decepción por el varapalo recibido en la reunión del pasado jueves. «Nosotros nos hemos movido para buscar más consenso y ahora vemos que los cambios que nos piden los partidos provoca la oposición de los sindicatos. Es una situación muy complicada», reconocieron las mismas fuentes.
Una parte «llamativa»
Los responsables educativos están convencidos de que las modificaciones introducidas en el documento -ampliación a cuatro años del periodo para que los centros se adapten al nuevo marco, flexibilización de las exigencias de euskera en Bachillerato y FP y eliminación de las evaluaciones específicas en cuarto de Primaria y segundo de ESO- deberían satisfacer a sus socios de gobierno. Tanto el PNV como EB aún no han hecho pública su postura oficial aunque, en el caso de la formación jeltzale, queda más que claro que los cambios no son suficientes al ignorar sus principales exigencias: el establecimiento de distintos objetivos lingüísticos en función de si la zona donde se asienta el centro tiene mayor o menor perfil vascófono y la realización de experiencias piloto previas a la implantación del nuevo marco.
En la inauguración de unas jornadas en Bilbao, Tontxu Campos quiso restar importancia a la polémica al asegurar que la reforma de modelos, considerado el proyecto estrella de su departamento, es «una parte llamativa o importante» de su labor al frente de la consejería pero aseguró que, en realidad, su principal objetivo es «introducir la innovación» en el sistema educativo.
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