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Política

cae el jefe supremo de eta

El sector más moderado podría retomar su mensaje previo al debate sobre el uso de la violencia que terminó con la expulsión del aparato político

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La detención de 'Txeroki' abre la puerta a nuevas tensiones en una ETA dividida
La Policía conduce a la comisaría a 'Txeroki', tapado aún con la manta con la que abandonó el piso de Cauterets en el que fue detenido. / REUTERS
La detención del jefe militar de ETA, Garikoitz Aspiazu, 'Txeroki', el pasado lunes en Francia se ha producido en uno de los momentos más delicados para la banda, que acaba de superar una severa crisis interna desatada en torno a la estrategia a seguir tras el último alto el fuego, que ha dejado bastantes brechas abiertas en la militancia, según los expertos de la lucha antiterrorista. Fue el sector más duro, liderado por el dirigente ahora arrestado, el que se impuso en ese debate y apostó por un largo ciclo de violencia en vez de por una línea más política. Para los conocedores de la situación, su caída abre la puerta al desencadenamiento de nuevas tensiones a medio o largo plazo.
La discusión sobre la línea de actuación de ETA tras el fin de la tregua se celebró durante el pasado verano, mediante una asamblea epistolar en la que los militantes realizaron diversas aportaciones. Las posturas más moderadas resultaron totalmente orilladas frente a los partidarios de una oleada de atentados, destinada a conmocionar al Estado, bajo la creencia de que es posible obligar al Gobierno a sentarse a negociar con la presión de las armas. 'Txeroki' y su lugarteniente, Aitzol Iriondo, han sido dos de los principales representantes de ese discurso. Así, el aparato militar que dirigían se encargó de cerrar cualquier crítica que pusiera en cuestión la apuesta por el terror. Incluso abrieron un 'expediente de expulsión' a los miembros del aparato político que habían mantenido posturas menos radicales. Esa depuración supuso el 'procesamiento interno' de tres líderes: Francisco Javier López Peña, 'Thierry'; Ainhoa Ozaeta e Igor Suberbiola.
El primero de ellos fue el máximo responsable del ala política de ETA durante el proceso de diálogo. Ozaeta, la persona que leyó el comunicado de declaración del alto el fuego, procedía de la mesa nacional de Batasuna. Suberbiola era un dirigente del movimiento juvenil ilegalizado Haika, que ya en la clandestinidad se ocupó de la preparación de los zutabes, la revista interna de ETA. Los tres fueron expedientados por mantener el reproche a la línea dura representada por 'Txeroki' una vez finalizado el debate interno.
Los expertos están convencidos de que es muy remota la posibilidad de que a corto plazo se reabra otra discusión asamblearia. En primer lugar, la propia estructura etarra ya prevé la sustitución inmediata de los cabecillas detenidos, por lo que el relevo de Aspiazu -que podría ser sustituido por Aitzol Iriondo- no debería implicar un cambio inminente de estrategia. Sin embargo, las mismas fuentes consideran que el malestar de los más posibilistas ha ido en aumento con las decisiones recientes de 'Txeroki' y está latente en la organización. Estos sectores podrían utilizar la detención del representante del ala más dura para recuperar su mensaje y que se les vuelva a escuchar en ETA.
Ekin y Segi
Como ejemplo de su imposición, Aspiazu había asumido también la dirección política de la izquierda radical a través de Ekin -el colectivo sustituto de KAS- y de los jóvenes de Segi. Los sectores moderados de la izquierda abertzale habían sido apartados y la discusión asamblearia había desaparecido. Los expertos creen que miembros de esta corriente «habrán visto con esperanza» la caída de 'Txeroki', en cuya estrategia la línea política era secundaria frente a la violencia.
En un momento en el que la izquierda abertzale está acorralada por las ilegalizaciones de sus marcas y con unas elecciones autonómicas en marzo en las que puede quedarse fuera del Parlamento vasco, la apuesta del dirigente etarra dejaba al ala política sin apenas futuro. Estos sectores también podrían intentar, a medio plazo, que su voz vuelva a escucharse dentro de ETA.
Un tercer elemento son los presos etarras. Aunque su reacción es aún una incógnita, nadie duda de que su resquemor ha crecido tras el fin de la tregua al cerrarse cualquier posibilidad de una solución negociada. ETA respondió con dureza a las posturas de presos históricos como Joseba Urrusolo, Carmen Gisasola o José Luis Álvarez Santacristina, que han apostado públicamente por el fin de la violencia. Los expertos no descartan que retomen su discurso, precisamente ahora que 'Txeroki' empezará a encontrarse en su situación.
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