«La comunicación es importante en cualquier forma pero la literatura tiene que buscar un poco más, comunicar de una forma bella». Lo dice Txani Rodríguez (Llodio, 1977) y será por ese convencimiento por el que los personajes de su primera novela, bajo el título 'Lo que será de nosotros' (Editorial Erein), son pequeños contadores de historias. En el libro se cruzan muchas vidas. «Es una novela un poco tramposa, está llena de cuentos. Es un híbrido», reconoce la escritora alavesa.
Hay una «trama de largo recorrido», protagonizada por Martín Peyrats, que huye de su vida «aparentemente feliz» para dar «carpetazo y volver a empezar». Era un hombre «pusilánime y con sus rutinillas», al que conformarse le ha hecho más mal que bien. «Quería hablar de eso: no tenemos que conformarnos, no está mal darse oportunidades. Tenemos que intentar ser felices», explica la autora. Del personaje de Martín sólo le interesaba contar «el momento en que abre la puerta de una habitación oscura a una más clara», describe.
Lo hace en Laluna, un hotel rural regentado por Ada, una mujer que ya hace tiempo que tomó el mismo camino y que le ayuda «embelleciendo las cosas». Le cuenta el pasado de los demás huéspedes, que también están en una encrucijada, pero nadie sabe hasta qué punto lo que dice es cierto. En cualquier caso, son mentiras «inofensivas. Qué más da que no todo haya sido verdad o tenga fecha de caducidad si le ha ayudado», sostiene Rodríguez. «La ficción busca explicar las cosas de forma distinta a como se explican por sí mismas y hacerlo de forma bella».
Todos «necesitamos comunicarnos y a muchos de nosotros nos gusta hacerlo con un sentido estético», continúa. Eso es la literatura. «La ficción siempre ha jugado un papel maravilloso en las personas». En 'Lo que será de nosotros' se narran historias tristes, otras de esperanza, y alguna un poco «surrealista». Como la del chino que cierra el restaurante y descoloca con ello los planes de todo el pueblo. «En un pueblo pequeño, con pocos restaurantes y donde la gente tiene unos recursos limitados, me pregunté cómo afectaría el cierre de un local chino. A partir de ahí, todo está exagerado», sonríe.
En el fondo de la novela hay también una reivindicación de la «importancia de las palabras, no es verdad que se las lleva el viento. Hay que ser consecuente con lo que se dice». Aunque «los silencios también son una forma de hablar, son muy elocuente en ocasiones».
La historia trascurre en un pueblo, como muchas de las ficciones de Txani Rodríguez. «Un pueblo puede ser un laboratorio». En un ambiente rural, con pocos habitantes ficticios, el autor puede «tenerlos a todos más controlados. En una zona urbana interactuarían más con otros personajes. Son los que hay y me puedo centrar en ellos». Además, y como queda claro en la novela, «en los pueblos son muy espontáneos para comunicar cosas, me gusta cómo se conoce todo el mundo. Tienen un funcionamiento interno muy particular».