Eliseo Gil (Vitoria, 1961) calza zapatos con plataforma y en sus apariciones públicas viste preferentemente de negro. Y es que a sus 47 años, este arqueólogo de vocación apuesta por una estética gótica combinada en los días de tajo con pantalones de camuflaje, pañuelos al cuello y sombrero. Dicen quienes le conocen que tras su barba pelirroja y cana se esconde «un gran tímido», pero también una persona «vehemente», que defiende su trabajo con ardor guerrero. El mismo con el que comenta películas de ciencia ficción como 'Star Treck' y con el que colecciona figurillas de 'El señor de los anillos'.
Desde que estudiaba en el colegio Corazonistas de Vitoria apuntaba maneras. George Lucas no había dirigido aún su primera entrega de Indiana Jones, pero Gil ya hablaba de los egiptólogos y otros mitos de las excavaciones. «Siempre estaba con las piedras y a nosotros eso en aquella época se nos hacía un poco raro», indica uno de sus compañeros de clase.
«Discreto y riguroso»
Eliseo siguió fiel a sus gustos y se licenció en Geografía e Historia, tras lo que realizó un Máster en Patrimonio Arqueológico, Histórico y Artístico por la UPV. Una de sus profesoras a finales de los años 70 fue la responsable del Museo de Arqueología, Amelia Baldeón, quien le define como «trabajador, discreto y riguroso». Su relación se ha mantenido con los años, sobre todo desde que Gil se especializó en el mundo romano y se conviriera en asesor habitual del museo.
Sus primeros trabajos de campo los realizó de la mano de Armando Llanos, director del Instituto Alavés de Arqueología, en el poblado de La Hoya (Laguardia). Le siguieron empresas como la que lideró con Ramón Loza en San Miguel de Atxa (Vitoria). El profesor de Historia recuerda de él «su manera puntillosa de trabajar» y su afán por aplicar a la arqueología «métodos muy precisos».
Hace 14 años empezó su cruzada con Iruña-Veleia, una ciudad romana enterrada bajo campos de cultivo que llegó a estar a la altura de Pompaelo (la actual Pamplona) e incluso Emerita Augusta (Mérida). Así lo atestiguan los mosaicos, restos de casas nobles y otros vestigios encontrados en la zona.
Iruña-Veleia prometía y Eliseo Gil recibió un 'premio' poco habitual. En 2001 y de espaldas a la Diputación alavesa, propietaria del yacimiento y entonces gobernada por el PP, selló un acuerdo de financiación con Euskotren. La empresa pública le iba a entregar 3,7 millones de euros en 10 años. Todo un caramelo que suponía estabilidad y abría grandes posibilidades de trabajo. Gil fundó la empresa Lurmen junto a Idoia Filloy y se rodeó de buenos profesionales. Juntos dieron a conocer al mundo en junio de 2006 hallazgos tan impresionantes como el del calvario o los textos en euskera del siglo III.
«Le vino grande»
Antiguos colaboradores suyos creen que este proyecto «le vino grande». A su juicio, Gil se durmió en los laureles y cometió «graves errores de práxis arqueológica». La gestion del proyecto, explican, adoleció de «falta de planificación y de asesoramientos externos».
Gil supo vender los hallazgos y entusiasmó a diferentes responsables políticos, como el entonces diputado de Cultura, Federico Verástegui, quien incluso impulsó un grupo de Amigos de Iruña-Veleia que no se ha creado. «Si los arqueólogos me dicen que la piezas son auténticas, no tengo por qué dudar. Se hicieron pruebas en laboratorios de Toulousse y todo daba a entender que era cierto. Así que era para entusiasmarse, pero claro, era demasiado raro», defiende Verástegui.
El ex diputado alavés, que define a Gil como «un gran divulgador», reconoce que, ahora que la comisión de expertos ha puesto en duda los hallazgos, «no sé que pensar». Hace unos días, indica, habló con Eliseo. En reducidos círculos ya se sabía que la Diputación iba a ser dura. «Le encontré fastidiado», revela.
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