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a consecuencia de la crisis económica

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También corren buenos tiempos para el cobrador del frac, que está más atareado que nunca persiguiendo morosos. La oficina bilbaína de esta empresa -que extiende sus actividades a otras comunidades del norte del país- empezó a notar a principios de año que sus encargos en Vizcaya se acumulaban y aumentaban hasta un 40%. Pero la cosa no quedó ahí. La crisis empezó a mostrar sus dientes y, a partir de septiembre, la demanda se triplicó. «Y aún esperamos un repunte para enero», vaticina Esteban Gil, gerente de la firma en la capital vizcaína.
«La gente está bastante endeudada y en cuanto se ha cortado el grifo...», argumenta Gil, quien estima que ésta es la mejor época que ha atravesado el negocio en sus veinte años de historia, «junto con la crisis del 93 y el 94, que fue fortísima». Tantos encargos tienen -unos mil al año antes de esta 'época dorada'- que están pensando en incrementar la plantilla, que ahora mismo está integrada por más de una veintena de profesionales. Los empleados no sólo persiguen al moroso -la parte más teatral de su trabajo-, sino que también hay una sección que se encarga de investigarles.
Más de 1.000 euros
Los 'cañones' no sólo afectan a la construcción -el sector que tradicionalmente ha generado más casos-, sino que se ha expandido a otros ámbitos, como las tiendas de moda, por ejemplo. «Es una cadena», argumenta Gil, quien, no obstante, aclara que para contratar los servicios del cobrador del frac la deuda debe ser superior a los 1.000 euros. «Si no, no nos compensa, porque cobrar es un trabajo difícil, que requiere una gestión cara», insiste.
Una de las deudas más cuantiosas que han solventado en Vizcaya fue hace menos de un mes, y ascendía ni más ni menos que a 600.000 euros. «Resolvemos más del 70% de los expedientes», destaca.
-«¿Con las apreturas económicas, sus clientes son buenos pagadores o también hay morosos?».
-«Ja, ja, afortunadamente responde todo el mundo», aclara.
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