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02.12.08 -

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Para evitar derrumbarse, Kenny Green se aferra al cariño de su familia en los Estados Unidos y al apoyo incondicional del matrimonio que le trajo a España, Manel Comas y su mujer, Millie Soria. Se conocen desde que el 'sheriff' le fichara para el Cáceres en 1992 en sustitución de César Portillo. Luego coincidirían en Zaragoza y en Vitoria, donde tocaron el cielo con una Copa del Rey y la Recopa en el Buesa. «Manel es mi padre blanco y Millie, mi hermana», clama orgulloso el ex jugador.
Se lo han demostrado en los momentos de gloria y ahora que no levanta los pies del suelo. Millie suele comunicarse a diario, vía internet, tanto con Kenny como con su esposa. Desde España rumia una posible solución. «Estamos venga a darle vueltas a cómo sacarle de allí. Hasta le hemos sugerido que se meta de polizón en algún barco», apostilla.
«Siempre invitaba»
Green desechó esa idea, aunque sí miró la opción de cruzar la frontera camuflado en algún camión o coche particular. «Al final, también se echó atrás porque, si te pillan, la condena hubiera sido muy dura», subraya Soria. «Si no recibe ayuda pronto terminará en la cárcel y será un nuevo 'Expreso de medianoche'», explica en referencia a la cruda película de Alan Parker sobre las penurias de un estadounidense convicto en una durísima prisión turca.
«Hablamos con el banco qatarí y su historia es cierta. El problema es que aquí son más flexibles con los morosos, pero allí no se andan con tonterías», confiesa desalentada. Millie, compañera inseparable de Comas, se para un momento, reflexiona y recuerda. «Cuando era jugador siempre invitaba a todo el mundo y eso que le decíamos que no fuera tan bueno, que pensara en el mañana».
Esa imagen de chico desprendido le ha animado a involucrarse al máximo en su salvación. «Creo que si la gente que le quiere y le aprecia contribuyera con un poquito cada uno, se le podría rescatar porque allí está solo. El club que le fichó se ha desentendido totalmente de él y le ha abandonado a su suerte», cavila.
«Ha tenido toda la mala suerte del mundo. Es algo que le puede pasar a cualquiera y, por los buenos momentos que nos ha dado, me niego a abandonarle a su suerte», proclama la compañera de Comas.
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