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Sociedad

15.01.09 -

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El temporal de nieve y frío que han vivido Madrid y el centro de la Península ha demostrado lo endeble que puede ser el tráfico aéreo ante eventualidades de este calibre. Barajas tuvo que cerrar durante casi cinco horas, con cancelaciones y retrasos que afectaron a miles de pasajeros. Algunos, hartos de las demoras, optaron por el tren para llegar a su destino. Pero el ferrocarril tampoco es infalible, y Renfe ha tenido que solventar varios incidentes por la congelación de los ejes de los trenes.
Uno de ellos, el más grave, dejó tirados en Valladolid a más de 200 pasajeros que cubrían la ruta entre Madrid y Bilbao el pasado día 10. Los viajeros tuvieron que terminar el desplazamiento en autobús. Otro tanto ocurrió anteayer en un convoy también procedente de Madrid y con dirección a Vitoria e Irún. Llegó a la capital alavesa con dos horas de retraso, a la una y media en lugar de las 11.38, como estaba programado. Demoras de menor entidad han sido también frecuentes en los últimos días en estas conexiones.
En ambos casos, el problema estuvo en la congelación del sistema de rodadura desplazable que caracteriza a los Alvia y que les permite circular tanto por las vías convencionales como por las de alta velocidad, que son de ancho diferente. El cambio de una anchura a otra se realiza en un intercambiador situado en Valladolid. La operación tarda habitualmente unos pocos minutos. Estos días de «temperaturas de hasta diez grados bajo cero», recuerda un portavoz de Renfe, los ejes llegaban congelados y era imposible accionar el sistema de cambio de ancho.
Los responsables de Renfe llegaron a idear un método para evitar retrasos que ha sido aplicado en varias ocasiones estos días. Mientras llegaba a Valladolid un Alvia por las vías de alta velocidad, otro convoy vacío esperaba en un apartadero de la estación, situado ya sobre las vías convencionales. Al llegar los viajeros, sólo había que trasvasarlos de uno a otro y reanudar la marcha.
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