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El Ayuntamiento atendió 873 consultas en 2008, casi el doble que el año anterior, y medió en 48 casos por disputas de pareja o con hijos Ocho de cada diez litigios terminaron con acuerdo entre las partes
28.02.09 -

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Tres vitorianos piden ayuda al día por conflictos familiares
El Servicio de Mediación se encuentra en Mateo de Moraza, junto a la Virgen Blanca. / IGOR AIZPURU
El aumento de las separaciones matrimoniales con voluntad de llegar a un acuerdo y los conflictos intergeneracionales entre padres e hijos han disparado las consultas en el Servicio de Mediación Familiar del Ayuntamiento de Vitoria. La oficina municipal, que abrió sus puertas en 2002, atendió el último año a 873 personas, lo que supone una media de tres familias al día, que buscaban una solución y una salida civilizada a sus problemas cotidianos con su pareja o ex pareja, o con sus hijos adolescentes.
La cifra supera en casi un 60% a la contabilizada en 2007, y los responsables del servicio atribuyen el aumento a que los interesados conocen más la oficina, y a que han roto el temor a poner fin a sus conflictos. Pese al elevado número de consultas, sólo una de cada cinco personas que acudieron al local ubicado en la calle Mateo Moraza solicitó una primera entrevista informativa con los asistentes sociales para identificar y superar los baches surgidos en la convivencia diaria. El resto no pasó del primer contacto. «Una vez que ha estado con nosotros, el interesado realiza un sondeo en casa por si su pareja, sus padres o sus hijos no quieren acudir. De no ser así, es decir, en caso de que los afectados se muestren de acuerdo, se inicia el proceso de mediación», explica Gerardo Villar, uno de los mediadores del programa municipal.
A lo largo del último año, el equipo del servicio municipal de Mediación -integrado por un psicólogo, un abogado y un trabajador social- puso en marcha un total de 48 procesos. Un total de 29 tuvo como protagonistas a parejas que ya había tomado la decisión de romper su matrimonio, mientras que 18 eran padres cuya relación con sus hijos adolescentes se había convertido en algo más que una lucha diaria. Más del 80% de las causas iniciadas finalizaron con acuerdo.
«Las parejas que han acordado separarse y que acuden a nosotros, lo hacen con la clara voluntad de hacerlo de una manera civilizada, por lo que el proceso, en la mayoría de los casos, sigue un guión establecido», apunta Villar. Mucho más amplio, en cambio, es el abanico de conflictos y disputas entre padres e hijos mal avenidos.
Individualismo
Los estudios, los horarios y las tareas del hogar son, en términos generales, motivos recurrentes de este tipo de enfrentamientos. Sin embargo, la verdadera raíz del problema suele tener mucho que ver con la «falta de comunicación». «La televisión e Internet nos han hecho perder mucho tiempo de familia para meternos en un mundo individual, donde la falta de comunicación es absoluta. Nosotros procuramos ese espacio donde poder hablar y donde aprender a solucionar esos trances que siempre aparecen en la vida», expone el mediador municipal.
Y siempre bajo una misma premisa que, en ningún caso, es negociable: el respeto. «El respeto se tiene, no se negocia. Lo mismo que todas aquellas cosas que exceden de la vida cotidiana y que, por tanto, no tienen incidencia en el día a día, como el hecho de exigir como moneda de cambio una moto o un caballo».
En cada conflicto, todos los implicados son parte fundamental para su resolución, por lo que el mediador debe procurar que se dé un equilibrio de poder. De lo contrario, el proceso de arbitraje puede llegar a fracasar. Así ocurrió el pasaso año con cuatro de los 29 procedimientos iniciados con parejas en trámites de separación, y con tres de los diecinueve con adolescentes involucrados.
Para que esto no suceda, los protagonistas de la mediación deben asumir unos mínimos compromisos. Y hacerlo en un límite de tiempo para que el proceso no se estanque. «Es fundamental marcar un plazo con inicio y final ya que, de lo contrario, no acabarían nunca las discusiones», concluye Gerardo Villar. En el caso de los conflictos entre padres e hijos, el servicio de Mediación establece un máximo de once sesiones. Las mediaciones entre parejas, en cambio, suelen solucionarse en cuatro o cinco sesiones.
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